FUENTE: DIARIO CÓRDOBA. 24/06/2010

No se recuerda una entrega de premios más rápida y ágil. El reparto de diplomas y cheques a los mejores patios, cruces de mayo, rejas y balcones de Córdoba transcurrió ayer como la seda, a una velocidad inusitada. Para empezar, todos los que debían estar presentes en el salón de plenos del Ayuntamiento para participar en el evento llegaron temprano. Incluido el alcalde, Andrés Ocaña; el maestro de ceremonias, Manuel Serrano; los representantes de las firmas patrocinadoras, numerosos concejales (José Joaquín Cuadra, Rosa Candelario, M Angeles Luna, Marcelino Ferrero, Curro Cobos y el popular Rafael Jaén, al que descubrí por casualidad camuflado discretamente entre el público) y, cómo no, los premiados. En menos de dos minutos, se organizó la foto de prensa con los ganadores de premios más cuantiosos y, sin dilación, el presentador dio la palabra al concejal de festejos y al alcalde, que despacharon su discurso de forma concisa y breve. Esto siempre se agradece. Acto seguido, Manuel Serrano arrancó la entrega propiamente dicha. Este era su segundo año al frente del acto y el hombre venía entrenado porque no dio lugar al aburrimiento. Empezó despacito, recordando sus bodas de plata profesionales en la radio para seguir con ritmo in crescendo. De esta forma, metió la primera: accésit de cruces; premios de cruces, segunda; accésits de rejas y balcones, tercera; premio a la planta más original, cuarta; patios, pim, pam, pum… Y en cuestión de una hora corta los más de cincuenta premios (si no he contado mal) estaban en manos de sus destinatarios. Tan ágil fue la cosa que el encargado de recoger el premio de la hermandad de los Dolores a punto estuvo de hacer honor al nombre de su hermandad y caerse al subir al estrado para recoger su diploma. Algunos premiados, como el centro cultural de la mujer de Villarrubia o los dueños de la reja de la calle Tafures, 10, no estuvieron presentes. No sabemos si es que no pudieron asistir o si, por el contrario, se retrasaron pensando que la cosa sería lenta y, al final, les pilló el toro.

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