FUENTE: ALEJANDRO IBAÑEZ CASTRO. EL DÍA DE CÓRDOBA.

YA somos un poco más Patrimonio de la Humanidad, en este caso Intangible, y gracias al trabajo de Ana Verdú y su equipo que ha sabido recoger este hecho cultural de la Córdoba ancestral que tiene sus raíces en aquellos espacios hidráulicos que los musulmanes cordobeses supieron transmitirnos. Y ahora viene lo malo, habrá que trabajar y mucho para no morirnos de éxito, y no sólo para conseguir el titulillo de la marca, que eso es de lo menos pues será lo que tenga que ser, ni tampoco para mantener la fiesta de los patios, que se mantiene sola, pero sí para que no se nos venga encima y nos pille, como siempre, con el paso cambiado.

Es un hecho que llevamos ya algunos años teniendo una afluencia masiva de visitantes y que la cosa puede ir a más, independientemente de si conseguimos la declaración de la Unesco en el 2010, así como que todos estos últimos años antes, durante y después han surgido los mismos comentarios al respecto, el caos total para los vecinos de los patios y el beneficio, siempre quejumbroso, de hosteleros y demás familia. Estamos a punto de convertir el Mayo cordobés en un chiringuito de los malos, donde sólo hay mucha gente que deambula sin rumbo y bebe en la calle, en vez de en un referente de turismo más que sostenible si no se organiza medianamente.

Tenemos unos valores, patios, cruces y feria, esta última cada vez más engullida por el botellón desenfrenado que no se arregla con presencia policial, que si no se planifican pueden terminar con la fuente de ingresos que supone para la ciudad; incluidos los farmacéuticos como los otros días se recogía en la prensa local cuando afirmaban que venden mucho más en estos días. Alguna cabeza pensante debería ordenar la planificación del mes de mayo y canalizar todo este flujo de personal que nos visita, incluidos nosotros, hacia una musealización de la ciudad haciendo fácil y agradable la visita y, fundamental, fidelizando al personal propio y ajeno para volver otro año.

Lo primero que habría que evitar es cargar toda la responsabilidad sobre los sufridos propietarios de los patios que, a fin de cuentas, están abriendo sus casas, sin beneficio aparente, a todos cuantos queremos fisgonear un rato en ellas. La masa humana que resisten es inaguantable y contraproducente porque si preguntas a los visitantes por lo que han visto muchos te contestan, después del traspié, que ni el escalón de la entrada y, si acaso, unas macetas colgadas. Establecer un sistema de controlar el flujo de visitantes ofreciendo otras alternativas de la ciudad haría la visita a la ciudad mucho más fructífera para todos. Entiendo que podría tratarse la ciudad como un todo, con el hito temporal de los patios añadido, y canalizar el flujo de visitantes hacia diversas opciones mediante la debida señalización, en definitiva, planificar debidamente el evento.

No estaría de más que las cabezas dirigentes en vez de pensar en "fuengirolear" lo más posible agilizaran la redacción y ejecución de un Plan Director que comenzara a trabajar desde este momento y que se decidieran ya los patios que vamos a presentar el año que viene, eliminando todos aquellos que sólo son burdas imitaciones, así como establecer un plan de inversión, no de subvención que llega tarde y nunca y es siempre insuficiente porque si es patrimonio de todos no debe cargarse el trabajo y el coste sólo a los propietarios de los patios y sí en la ciudad, que es la beneficiada. Plantear la fiesta de los patios como un servicio público más que ofrece esta Córdoba que suspira por la Capitalidad Cultural, con un presupuesto propio de mantenimiento, conservación y puesta en valor permanente y que, como toda las cosas bien hechas, debe tener un coste económico que soportemos todos y por lo que debería cobrarse una entrada a los visitantes.

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