MARCELINO FERRERO. CONCEJAL DE FESTEJOS.

No por esperado ha dejado de producir honda satisfacción en todos nosotros la reciente declaración y reconocimiento del flamenco por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Es verdad, como dice Antonio Gala respecto a Córdoba, con esa ironía y sentido del humor que le caracteriza, que no precisa de más reconocimiento que el de su evidencia. Eso debiera bastar para que así sea considerado por todo el mundo. Pero lo cierto y verdad es que este tipo de galardones tienen una gran trascendencia y sirven como instrumento de promoción de la ciudad, de interés para quien lo obtiene. Felicitémonos pues todos los que nos sentimos partícipes, ya sean artistas, aficionados, promotores o simples amantes del arte y el sentir del flamenco.

El azar ha querido, en guiño cómplice probablemente, que coincidan tal catalogación con el desarrollo de nuestro XIX Concurso Nacional de Arte Flamenco, situando esta cita como una forma más de recordar y reseñar una de las cunas del flamenco donde más se profundiza en sus raíces y donde más se remarcan esencias, identidades e innovaciones. Sin voluntad patrimonalista alguna (el flamenco es universal desde hace tiempo y sus fuentes varias y ricas) no se puede ignorar, sin embargo, que su marco de expresión más genuino es el andaluz y una ciudad que lo conserva y lo promueve como es Córdoba.

Desde esa innegable realidad y con la felicidad que nos provoca tan grata y, esperemos, trascendente denominación cultural, quedamos a la espera de que el próximo año sea reconocida otra vieja reivindicación popular cordobesa: los Patios de Córdoba.

Creemos merecida tal consideración. Haría justicia a una ciudad y a unos moradores que han posibilitado el mantenimiento y la conservación de unos espacios cargados de belleza y tradición. Un legado patrimonial que por suerte, año tras año, tenemos la posibilidad de conocer y contemplar, siempre gracias al esfuerzo y la dedicación de generaciones de familias, que nos abren las puertas de sus casas y donde la hospitalidad, el cariño y el respeto son la tónica dominante. Quienes han visitado nuestros patios saben de qué hablamos.

Por ello, todos (instituciones, entidades y ciudadanos) debemos conjurarnos para que en 2011 los Patios de Córdoba lleguen a formar parte de ese gran listado cultural de la Unesco, que cataloga y reconoce las expresiones y manifestaciones singulares, diferenciadoras y enriquecedoras de ese solar denominado por algunos "aldea global".

Sería, por último, un modo coherente de dar continuidad y conexión a la acertada decisión que hoy nos congratula, respecto al flamenco, pues como supo detectar en su momento Ricardo Molina, precisamente en la organización del Concurso Nacional, el flamenco y los patios son hechos y lugares que se redimensionan, dignifican y potencian en su relación y confluencia.

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