FUENTE: J. P. ABC CÓRDOBA

Como espacios vivos que son, las casas-patio de vecinos cordobesas están sujetas a la evolución de los tiempos. De su origen, asociado al éxodo rural de los siglos XIX y XX, poco queda. Como poco resta de las formas de vida, ahora idealizadas, que en ellos dieron lugar a una fiesta en flagrante cambio.

Así lo manifiesta el informe del Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) que bajo el título «Aspectos culturales, sociales, festivos, económicos y de vida cotidiana asociados al patio tradicional cordobés» se ha incluido en el expediente que el Ministerio de Cultura presentará a la Unesco para que la Fiesta de los Patios sea Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El amplio dossier, de más de sesenta páginas, recoge los resultados de una investigación realizada utilizando las técnicas de entrevista en profundidad, relatos biográficos y grupos de discusión acerca de la forma de vida que se dio en las casas de vecinos, hoy «casi desaparecidas» en la geografía urbana cordobesa. Aunque siguen presentes «en la memoria» de los ciudadanos, que se debaten entre los beneficios del turismo y la autenticidad de una fiesta en la que alertan de la presencia del elemento «botellón».

Todo ello es fruto del cambio social y la mejora del estatus económico de quienes habitaban los patios, que en la segunda mitad del siglo XX abandonaron paulatinamente unos espacios que en muchos casos terminaron desapareciendo y en otros quedaron en manos de una sola familia que ahora los habita.

Así, los cordobeses perciben que el patio que predomina es el de la casa unifamiliar -en algunos casos de nueva construcción-, que cohabita con los patios de casas adosadas y los de casas de vecinos remodeladas cuyos inquilinos no suelen pertenecer a las clases bajas de la sociedad. Como refleja el IESA, «de ser el hogar de los grupos sociales estigmatizados por la pobreza, [el patio] ha pasado a vivienda para grupos con suficiencias de rentas».

Según recoge el documento elaborado por los investigadores Luis Rodríguez-Morcillo e Irene López, tal cosa no sería más que la vuelta a la normalidad histórica del patio, cuyo origen se remonta a las culturas romana y árabe, si bien la percepción mayoritaria de lo que representa el patio cordobés se basa en la cercana tradición de espacios de cooperación y solidaridad entre vecinos. No en vano, ese sistema de vida comunitario dio lugar a la fiesta genuina de la ciudad.

La fiesta de mayo

A la celebración y el peligro que corre el carácter tradicional dedica gran parte de su interés la investigación del IESA, cuya síntesis sostiene que «se están perdiendo viejas costumbres expresivas», patrimonio cultural inmaterial, que van desde la transmisión de conocimientos al cante y el baile espontáneos que solían darse en las visitas a los patios por parte de los cordobeses, aspecto en el que algunos de los encuestados ven un rasgo singular de los patios cordobeses que ya no se mantiene. «En resumen -reza la investigación- las músicas y danzas tradicionales están sometidas a las amenazas de su abandono debido a los cambios en los estilos festivos».

Pese a todo, no faltan quienes abogan por la erradicación del folclore en el concurso para propiciar una visita amena y tranquila. Asociado a la progresiva pérdida del folclore propio aparece la «desvirtuación» de la fiesta, en la que a veces se recurre a música grabada y al «consumo desmedido de alcohol», indica el IESA.

El estudio reconoce que el tapear y el beber siempre estuvieron presentes en la celebración, aunque de una forma «moderada» que no degeneraba en la borrachera. En este sentido, los encuestados dan fe del desdoblamiento actual de la fiesta, que en algunos patios lucha por mantener la esencia mientras que fuera de las casas, preferentemente de noche y protagonizado por jóvenes, aparece el fenómeno del botellón en alguna zona.

Así, el informe habla del mantenimiento de la tradición por la mañana y del desarrollo de la «fiesta moderna», especialmente de noche, que se caracteriza por «la participación masiva de ciudadanos alienados y sin sensibilidad», lo que supone un obstáculo para que los propietarios y los visitantes disfruten del recogimiento de los patios.

Claves del concurso

Tan perjudicial como esto ven los encuestados la masificación del turismo, que la «entiende como un objeto más de consumo» y termina por transformar la fiesta, con el consiguiente riesgo de que se pierda la identidad local, que no pasa desapercibido para los encuestados.

No obstante, en ellos aparece el «dilema» entre incrementar la afluencia turística y abandonar el disfrute orientado a los conocidos y paisanos o apartar el interés monetario que en lo anterior existe en pro de una mayor autenticidad de la tradición.

Una tradición que depende en gran medida del concurso popular de mayo. Sobre éste, el IESA alerta de los problemas que los habitantes de los patios encuentran para compatibilizar el concurso y su vida cotidiana, «lo que puede disuadirles de participar».

A ello contribuye también los «costes altos en tiempo y actividad que se incrementan con los daños que sufren cuando abren los patios al público». Todo ello hace que para muchos propietarios participar deje de ser gratificante para convertirse en un trabajo que en ocasiones califican como «desagradable» y que lleva a algunos patios sin cuidar a presentarse al concurso sólo por los beneficios económicos que les pueda reportar.

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