Los patios cordobeses combinan especies autóctonas, como los geranios, gitanillas y buganvillas, con otras variedades florales, como las clematis, las lovelias, los limpiatubos o los distintos frutales enanos.

FUENTE: RAFAEL C. MENDOZA. EL DÍA DE CÓRDOBA.

 La singularidad de los patios cordobeses -únicos en el mundo- va mucho más allá de sus galerías, pozos, fuentes y arriates. Más allá incluso de que se encuentren ubicados en una zona Patrimonio de la Humanidad, en el interior de un colosal Casco Histórico repleto de legados de diversas culturas que han pasado por la ciudad. Más allá de todos estos elementos destaca su vegetación, que los convierte en vergeles urbanos donde contrasta el colorido de las flores con el verdor de las plantas que crecen donde rezuma la humedad. Los rojos y rosas de los geranios y las gitanillas sobresalen sobre la blancura de las paredes como también lo hacen otras especies más exóticas, como los clematis y las lovelias, que van ganando adeptos con el paso de los años y, por ende, van tomando protagonismo en el interior de unos recintos que aspiran a convertirse el próximo noviembre en Patrimonio Intangible de la Humanidad.

No existe una fórmula única a la hora de disponer las macetas en un patio. De hecho, éste el factor con el que juegan los propietarios de estas casas para que cada año parezcan diferentes al anterior. Isabel, titular de uno de los recintos de la calla Parras, ofrece uno de esos ejemplos de coexistencia de esa gran variedad de especies. A los habituales y tradicionales geranios y gitanillas se les suma los tonos violetas de las surfinias y petunias, la blancura de los jazmines y también el verdor característicos de las plantas de agua. Cobra un especial protagonismo una costilla de adán de cerca de seis metros de altura que suma varias décadas de vida hasta el punto de haberse convertido en el icono de este patio. Junta a ella posan cada día decenas de turistas, impresionados por las dimensiones de esta planta tropical "que se adapta bien a los interiores".

Seguramente parte de culpa de que el patio de la calle Maese Luis, 22 se haya alzado con el primer premio la tiene esa eclosión de colores que componen sus muchísimas variedades florales, colocadas de manera estratégica para que brillen con luz propia. "No es casual que se busquen las zonas sombrías para determinadas plantas ni que se dispongan más al Este o el Oeste", puntualiza Gloria Carrión, especialista en Jardinería y cuidadora de algunos de los recintos más vistosos de la ciudad. Situadas en cuatro niveles, hay especies para todos los gustos, aunque sobresalen las hortensias, también muy coloridas y no siempre protagonistas en los patios cordobeses.

Uno de los mejores exponentes de esa combinación entre lo exótico y lo tradicional es la vivienda de la calle Pastora, 2. Su propietario Rafael Barón, que acumula algunos galardones en las últimas ediciones del Concurso Popular de Patios Cordobeses, muestra a un grupo de turistas algunos de sus clematis de más bella factura, este año los de color rojo. "Se trata de una variedad que procede de China, pero que se cultiva en el Reino Unido desde el siglo XIX", explica refiriéndose a una variedad que también puede encontrarse en este mismo patio en tonalidades blancas. Sin salir de este patio también hay especies vegetales poco -o nada- repetidas en otras viviendas, como un olivo o un madroño.

Gambas, paragüitas, damas de noche, iris, begonias y limpiatubos son otras de las muchas variedades que destacan por su exotismo en los patios cordobeses.

Idiomas