FUENTE: A. H. / J. P. ABC CÓRDOBA

Hace años que mayo se les quedó pequeño y abrieron sus puertas en primavera y Navidad; como hace años que el interés que suscitan dejó de ser local para romper fronteras regionales y nacionales. Ahora aspiran a que el reconocimiento otorgado por las miles de personas que los visitan sea también oficial, lo cual está en manos del Consejo del Patrimonio Histórico Español, que hoy deberá decidir en Palma de Mallorca si apuesta por los Patios Cordobeses como la tradición que propondrá a la Unesco para que la declare Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Pero, ¿qué piensan sobre tal posibilidad quienes mantienen viva la tradición?

ABC se ha puesto en contacto con diez inquilinos y propietarios de casas con patio que cada mes de mayo participan en el concurso que organiza el Ayuntamiento para conocer su opinión.

Aunque con ilusión por el reconocimiento que para la ciudad y su historia reciente supondría que los patios fuesen Patrimonio de la Humanidad, muchos se preguntan sobre las consecuencias que el nombramiento tendría. Hablan de más promoción y, por tanto, más visitantes y, por ende, más quebraderos de cabeza para quienes deben recibirlos. «Podría perderse el encanto de hablar con tranquilidad con quienes nos visitan», opina María Isabel Navajas.

Por su parte, Araceli López pone el dedo en llaga siempre abierta de la escasa ayuda. «Para los propietarios será más trabajo y un beneficio para la hostelería», dice.

De ahí que demande -como lo hacen todos- mayor ayuda de las Administraciones y la implicación del sector de hostelero, «que se aprovecha de nuestro trabajo y no aporta nada», añade Manuela Lorente, parte activa de una tradición que cuesta tiempo y dinero.

Sobre esto profundiza a las puertas de su casa de San Juan de Palomares número 8 Gabriel Castillo. «No sé hasta qué punto es malo o bueno ser Patrimonio de la Humanidad porque quizá tendremos unas obligaciones a las que habrá que responder aunque también podrían llegar más subvenciones», especula.

En realidad, todos se mueven en el terreno de los supuestos. Como dice Gabriel, «no nos han informado sobre los pros y los contras» del Patrimonio de la Humanidad.

No tiene duda de que así será José Durán, que trabaja desde hace 33 años en uno de los recintos más premiados, el de la calle Trueque. Él opina que el Patrimonio de la Humanidad «puede servir para que participen más personas y se esmeren más».

En esta línea de la calidad y la conservación se mueve también la propietaria de la casa de Parras 5, María Isabel Navajas. A su entender, la distinción ayudaría a la tradición, que pocos podían imaginar que alcanzase las cotas de éxito que está obteniendo.

Se lo merecen Así lo sostiene Paco Ruano, del patio de Agustín Moreno 43, quien asegura que «en los últimos cinco años la fiesta ha prosperado bastante» y podría hacerlo más si la nombran Patrimonio de la Humanidad, algo que no está del todo convencido de que ocurra tan pronto como se pretende. Aunque dice que finalmente se conseguirá. Méritos, al menos, no le faltan. Para Paco, los patios son «únicos en el mundo». Y «¿quién más abre sus puertas para que entre cualquiera», añade Ana Muñoz. Si a todo ello se suma que «son reflejo de una forma de vida que ya casi no existe», como dice Mercedes Romero -que vive en Pozanco 6-, los patios superan con creces a los rivales con los que se medirá hoy: el Canto de la Sibila de Mallorca, los castillos humanos catalanes y la cetrería.

Estos amantes de las flores no dudan de la superioridad sobre ellas de la más genuina fiesta de Córdoba. La que más interés despierta en quienes llegan a la ciudad, como nunca antes lo hizo. Así lo destaca, a sus 72 años, Ana Muñoz, que aprendió con su abuela a querer a las plantas. «Si levantara la cabeza y viera las colas para entrar a los patios…».

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