FUENTE: RAFAEL A. AGUILAR. ABC CÓRDOBA.

Además de la herencia romana y árabe, que puso el molde del patio tal y como hoy lo conocemos, existió un factor determinante en la conformación de estos recintos tradicionales que ha pasado desapercibido hasta el momento. El investigador Juan Galán, uno de los mayores conocedores de los documentos municipales del último siglo y medio, da cuenta de este elemento decisivo en el trabajo que ha incluido en el informe del Ayuntamiento para que los patios aspiren a ser Patrimonio Intangible de la Humanidad. ¿De qué se trata? De los impuestos locales.

Lo escribe Galán con claridad. «En la Córdoba del siglo XIX el impuesto catastral se cobraba hasta mediados de la centuria, por huecos de las viviendas a la calle, esto es, según las puertas, ventanas y balcones que tuviera el inmueble, de ahí que en esa época las puertas y ventanas fueran muy pocas». Superficie de fachada.

Otro parámetro para el cobro de los impuestos del que habla Galán, que ha elaborado también la base de datos más exhaustiva que se conoce sobre el callejero cordobés, era en ese tiempo «la superficie lineal de la fachada». De manera que el investigador concluye que, para evitar una elevada carga de gravámenes, «las casas buscaban su ventilación no en la calle, sino en los patios interiores», puesto que allí no había peligro de que la Hacienda local pasara el platillo. Esta tesis de Galán, apoyada en numerosos datos, ya suscitó comentarios de algunos viajeros románticos a la ciudad. Uno de ellos fue J. A. Wylie, que en su libro de andanzas en España publicado en 1870, escribe que «a primera vista, Córdoba habría que considerarla como una colección de prisiones, pues sus casas, como las de Pompeya, o no tienen ventanas en el piso bajo o están defendidas por fuertes rejas de hierro». El viajero continúa con que «una ojeada al interior [de las viviendas] muestra que aún hay en Córdoba esplendor y opulencia».

Ochenta años después, el propio Gerald Brenan, a quien tanto le impresionó la pobreza de los arrabales de la capital, mostraba también en sus escritos que «el rasgo más característico de Córdoba, como sabe todo el mundo que ha estado aquí, lo constituyen las casas de dos pisos construidas en torno a un patio».

El hispanista británico agrega que «esos patios con sus macetas de helechos y flores y su fuente en el centro, tiene un encanto irresistible y, puesto que las puertas de las calle están siempre abiertas, uno puede echarles una ojeada cuando pasa por delante».

Para entonces, para cuando el autor de «La faz de España» pisó Córdoba, el festival de los patios tenía ya una trayectoria, aunque de ningún modo había alcanzado el realce con el que lo conocemos en la actualidad. Juan Galán hace un detallado recorrido por las vicisitudes del certamen.

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