JOSÉ LUIS BOUZA ÁLVAREZ CATEDRÁTICO DE ARTE. El Correo Gallego 

En la tradición europea, mayo es por excelencia el mes en que se festejó la renovación de la vida a través de cantos (mayas) y ritos florales que celebraban el esplendor de la vegetación y del amor. La fiesta de la Cruz cristianiza los rituales en torno al ‘mayo’, el árbol de las plazas adornado con flores y cintas y personificado a veces por un muñeco, aunque en Santiago -y otros lugares de Galicia- hacía de mayo un joven recubierto de hojarasca y flores. Los ramos decoraban los umbrales y dejados en las puertas declaraban un amor secreto. Alzada en las plazuelas, la Cruz de Mayo aún tiene particular desarrollo en Andalucía, pero en San Clodio (Leiro, Ourense) este año la cruz junto al monasterio se cubrió con rosas del color del buen tinto de la zona.

"Tuve la fantasía de salir de la ciudad para oír la canción de los pájaros" escribe en el s.XIII Guillermo de Lorris en uno de los poemas del Roman de la Rose, un best seller manuscrito que divulgó un nuevo y refinado amor cortés y un sentimiento de naturaleza. La flor expresa el arquetipo femenino y el florido mayo se hizo el mes de la Virgen por cuanto la Iglesia tomó su modelo de pureza ideal de la primorosa cultura galante y caballeresca del amor cortés que también inspiró a los trovadores. La más bella obra de arte nacida del alegorismo cortés y floral quizá sea la serie de bellos tapices de hacia 1480 alusiva a los sentidos de La Dama del Unicornio, hallados por el escritor francés Prosper Merimèe en 1841 en el castillo de Busac y desde 1883 en el Museo de Arte Medieval de Cluny, en París. Entre rica fauna y flora, como una explosión de la vida de mayo, las damas aparecen allí entre jacintos, pensamientos, amapolas, caléndulas o rosas.

En Andalucía la cultura de la flor de mayo está muy extendida. En Córdoba tras la fiesta de las cruces llegan los concursos de tapices florales colgantes de ventanas y rejas y sobre todo el de patios, que ‘reventones’ de flores compiten en gracia y belleza con sus surfinias, gitanillas, geranios, clavellinas, pelargonios, ficus, calas, pilistras o ‘costillas de Adán’. El concurso es de "patios modernos y antiguos", que es como decir patios burgueses o corralas populares con suelo de cantos, como la humilde y hermosa de la calle Marroquíes. Se suelen aceptar propinas para pagar costes y se ofrece la manzanilla local mientras las rondallas musicales de la ciudad tocan las cordobesas compuestas por Ramón Medina a principios de siglo.

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