Los cuidadores de los patios limpiaban ayer estos recintos y regaban las plantas sin poder evitar la entrada de turistas que los visitaron a pesar de estar cerrados todavía.

FUENTE: ISABEL LEÑA. DIARIO CÓRDOBA.

Jornada de nervios y retoques. Ese es el resumen del día que vivieron ayer los cuidadores de los patios que podrán visitarse durante doce días. Nervios porque todo tenía que estar listo para las once de la mañana de hoy y el tiempo volaba. Retoques porque había que limpiar, regar plantas, quitar las hojas estropeadas y reponer lo que hiciera falta. También porque no paraban de entrar turistas a pesar de que aún permanecían cerrados.

En San Basilio, 14, Lola Jurado acababa de fregar cuando un grupo de niños del colegio Madre Asunción de Málaga se adentraron en la belleza de este patio del Alcázar Viejo. Con ellos iba su profesor Manuel Rodríguez, un enamorado de Córdoba que lleva años guiando a sus alumnos por la ruta de los patios. "Me encantan, no puedo evitarlo", decía mientras su voz se mezclaba con la algarabía de los pequeños.

Cerca, en Martín de Roa, 2, Araceli López también se vio sorprendida por numerosos visitantes, entre ellos un zaragozano, José Antonio Serrano, que venía a enseñarle a su madre la belleza de Córdoba. Un error en la reserva del viaje les obligaba a marcharse antes del inicio del festival, con lo que ayer era su única oportunidad para llevarse el mejor regalo de esta ciudad. Mientras Serrano inmortalizaba ese instante con su cámara, Araceli relataba la dura labor de la jornada, "reorganizar macetas, fumigar, quitar los hojas secas de las partes altas…", y todo en medio de ese trasiego de visitas que no cesan.

 

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En la misma calle, pero en el número 9, en un patio que se estaba marchitando y ha vuelto a florecer, Juan Rodríguez y Fermín Gallardo vivían la misma experiencia. "Llevamos aquí toda la mañana sin parar regando, limpiando y reponiendo las plantas que ha secado el sol", y compaginándolo todo con el continuo ir y venir de visitantes. Estos no pueden evitar fijarse en el patio vecino, Martín de Roa, 7, que, desgraciadamente, no está engalanado para la ocasión. Al contrario, alejado del concurso desde hace unos años, luce la misma imagen desoladora que el año pasado tenía el número 9. Grietas, plantas marchitas y paredes apuntaladas que duelen.

En Juan Tocino, 3, estaban la presidenta de Claveles y Gitanillas, Leonor Camorra, que retiraba las hojas muertas del suelo, y el secretario, Rafael Barón, que acababa de regresar del vivero del que traía más flores. "Esto cada año tiene más faena y menos reconocimiento y calidad de público", señalaba Barón mientras lamentaba que "somos guardias jurados, guías turísticos y jardineros por una pequeña subvención". Por ello, lanzaba este mensaje, "o entre todos cuidamos los patios o poco a poco desaparecerán".

Por su parte, Miguel Angel Roldán, de Amigos de los Patios, vaticinaba "sorpresas impresionantes" este año en estos recintos porque "las flores están espléndidas" por la climatología favorable que han tenido. Hoy, por fin, podrá verse el fruto de una labor impagable y esas sorpresas que durante unos días deleitarán nuestros sentidos.

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