La belleza que asoma por la ventana

Los propietarios de las rejas y balcones que se presentan a concurso tienen la sensación de que el Ayuntamiento no respalda lo suficiente esta tradición, que es tan antigua como la de los patios

Rocío Lopera | EL DÍA DE CÓRDOBA.

Las rejas y balcones pocas veces han recibido el protagonismo que se merecen en el Mayo Festivo, aunque su tradición siempre ha ido en paralelo a la de los patios. Decorar las fachadas como auténticos jardines verticales es un trabajo minucioso que, además de requerir paciencia, necesita una sensibilidad especial para que logre conmover a todo aquel que las contempla.

Sin embargo, los verdaderos artistas de estos monumentos florales tienen la sensación de que su trabajo no es del todo reconocido, de que no goza del mismo prestigio que los patios, de que las instituciones no terminan de darle el impulso definitivo que se merecen, en un lenguaje más coloquial, que son los hermanos menores del Mayo Cordobés. Quizás, el hecho de que no existan barreras físicas para su disfrute o de que no haya que hacer interminables colas les quita valor, pero su riqueza floral las hace dignas de los mejores elogios. Pero, desafortunadamente, su nombre no termina de escribirse en mayúsculas en esta celebración. De esto saben mucho Luis Sicilia y Soledad Navarro, propietarios de dos de las casas de la calle Tafures que acumulan más reconocimientos del concurso municipal.

Este privilegiado rincón de Santa Marina se transforma en primavera para inundar de colorido y fragancias un espacio de poco más de diez metros de largo. Luis está especialmente desencantado con esta celebración, pues durante los 14 años que lleva engalanando sus cinco balcones, no ha visto síntoma alguno de ayuda de las administraciones. "Hemos pedido que adecenten esta calle y que nos pongan un foco al principio del callejón para que esté iluminado, pero no nos han hecho caso".

Este vecino vaticina un pronóstico nada halagüeño para esta tradición. "Si esto sigue así, las rejas de este enclave tendrán el mismo destino que el patio que hay junto a ellas, hoy en día medio en ruinas después de que no hace tanto tiempo fuera uno de los máximos exponentes de estas fiestas y cosechara las máximas distinciones", decía. "Ojalá el año que viene no tenga que hablar sobre este tema, porque eso significará que no me he presentado al concurso" reconocía Luis, al tiempo que su vecina subrayaba que "ya este año no quería, aunque le insistí para que lo hiciera".

Los esfuerzos para tener a punto las rejas y balcones no se reducen al mes turístico por excelencia, sino que es una dedicación a la que este hombre consagra todo su tiempo libre. "En julio y agosto me voy a mi casa de campo y me llevo todas las macetas para que no se me estropeen", apuntaba, al tiempo que subrayaba que esta afición también requiere importantes esfuerzos económicos.

Su vecina, Soledad Navarro, apostillaba todo lo que decía Luis y resaltaba que da la impresión de que el Ayuntamiento promociona más los patios que las rejas y balcones. "Estas macetas están más expuestas al gamberrismo y a los actos vandálicos que las de los patios, por lo que hay que tener mucho cuidado", reconocía. "En las cruces, tuvo que poner Luis una valla de una obra para que no entrara la gente a orinarse", comentaba indignada, al tiempo que recordaba que "todos los años pedimos al Consistorio que nos ayude en este sentido".

San Basilio es otro lugares destacados dentro de la tradición de las rejas y los balcones. La casa de Blanca Ciudad es una de las más conocidas de este barrio, no sólo por su cercanía con los tres patios que se han presentado al concurso, sino porque acumula un total de cinco premios.

La propietaria de este monumento floral reconoce que las rejas tienen casi más trabajo que los patios, y lo dice con conocimiento de causa, pues su vivienda está rodeada de flores por todas partes. Entre sus cinco rejas tiene más de 100 macetas que son la atracción que todos los turistas, especialmente por la noche, cuando pone música flamenca y proyecta imágenes de Córdoba que hacen aún más bello el conjunto. En la calle de Enmedio hay también dos fachadas llenas de gitanillas y surfinias que destacan entre todas las demás. Se trata de los números 16 y 18, otros de los rincones preferidos por los visitantes que acuden estas fechas a Córdoba. Sus dueños también dedican todo el año a cuidar unas flores que cobran todo su esplendor en el mes de mayo.

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