FUENTE: JOSÉ PRIETO. ABC CÓRDOBA.

Luis Rodríguez-Morcillo ha elaborado, junto a Irene López, el estudio «Aspectos culturales, sociales, festivos, económicos y de vida cotidiana asociados al patio tradicional cordobés», incluido en el dossier que el Ayuntamiento remitirá a la Unesco para que los patios sean Patrimonio Intangible de la Humanidad.

-¿Qué percepción hay en la ciudad sobre los patios? -Se identifica muchísimo con el estilo de vida de la casa de patios de vecinos, que está prácticamente desaparecida pero que tuvo una importancia muy grande en el primer tercio del siglo XX y ha dejado una impronta en la ciudad. La ciudad siente que los patios son un símbolo emblemático como puede ser la Mezquita o el Puente Romano. Se les compara, y se ve la vida en el patio como símbolo identitario que se proyecta al exterior.

-Arraigados incluso en quienes no han vivido en ellos… -Sí, prácticamente todos los cordobeses tienen alguna experiencia de patios por vivir en ellos o visitar a conocidos. Los valores que se identifican con el patio son el reencuentro con la naturaleza y la riqueza de los lazos sociales y afectivos, valores que se sienten en peligro. Los patios son espacios de socialización. Antes, los menores se criaban en colectividad recibiendo muchas influencias de lenguaje, estrategias, conocimientos… Eso ha desaparecido y seguramente tendrá efectos futuros en el desenvolvimiento de nuevos ciudadanos.

-¿Están dispuestos los jóvenes a tomar el testigo de los patios? -Uno de los grupos de discusión que hemos formado era de jóvenes no ligados al casco histórico. Ahora se sienten desligados, pero piensan que con el tiempo irán retomando ese estilo de vida más reposado, ligado a lo familiar y a lo próximo. Es bastante probable que se convierta en objetivo de futuras generaciones.

-Los patios han estado antes ligados a la pobreza y ahora no es así. Ha habido una evolución. -Efectivamente, los patios de vecinos eran producto de la migración rural a la ciudad que ha existido en España desde el XIX. Ante la escasez de vivienda, se dividían en habitaciones las grandes casas pero compartían servicios comunes. Con el desarrollo económico se han generado nuevas casas con servicios propios en las que vive una sola familia. Se ha ido diluyendo el estilo de vida de casa de vecinos.

-Incluso la fiesta ha cambiado. -La fiesta parte de la vida comunitaria. Fue una fiesta de reencuentro entre cordobeses, de disfrute con el folclore propio, y en las últimas décadas con el desarrollo tecnológico han ido desapareciendo esos cantos, esos bailes que se daban en los patios. Luego, poco a poco, la juventud ha tomado un estilo de fiesta más consumista con predominancia exacerbada del alcohol; entonces ahí hay un problema en la fiesta que parece claro. Por otra parte, hoy en día la fiesta está protagonizada más por el turista, que es más un espectador que un participante y está entrando como un elemento distorsionador.

-Tradicionalmente han sido las mujeres las que han cuidado las macetas. ¿Sigue siendo el patio un espacio femenino? -Las mujeres mayores que todavía están mayoritariamente dedicadas a ser amas de casa sí tienen un protagonismo muy destacado. Los hombres lo trabajan menos por disponibilidad de tiempo y se observa que en las nuevas casas con patio común que habita una generación en la que la mujer está incorporada al trabajo, el patio está prácticamente en desuso.

-¿Y corre peligro la existencia de los patios al ser habitualmente ella la principal cuidadora? -Tiene sus riesgos no sólo por ese motivo sino porque la masificación a la que está llevando el turismo está elevando los costes de participación en el concurso. Hay bastante deterioro por la masificación. Mantener un patio tiene un coste alto que no está compensado en términos económicos sino en personales de disfrute, de relax y de tipo terapéutico como recinto en el que te liberas del estrés cotidiano.

-Ahora se prepara el patio, entonces, con un objetivo distinto. -Hay mucha gente que está muy volcada en el concurso pero otra que no participa y prepara su patio. Hay cierta costumbre a abrir los zaguanes para que los visitantes puedan asomarse. Es una forma de participar sin asumir los altos costes del concurso.

-Puede también tener que ver el carácter del cordobés serio e introvertido… -(Ríe) Lo que destaca la población con la que hemos trabajado es que el cordobés es abierto y justamente por eso los patios son abiertos.

-Y la relación con las plantas, ¿cómo es? ¿se llegan a crear vínculos afectivos con ellas? -Sí, en el estudio hablo abiertamente de maternidad. La misma crianza que hacen las mujeres hacia sus hijos y familia la proyectan hacia las plantas como seres vivos que son.

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