La Fiesta de los Patios nace en el ámbito más íntimo de la ciudad para convertirse en uno de sus principales reclamos turísticos

FUENTE: LAURA MARMOL. DIARIO CÓRDOBA. 07/12/2012

No hay nada en el mundo igual que los patios". Así de categórica se expresa la presidenta de la Asociación Claveles y Gitanillas, Leonor Camorra, una afirmación de la calle que le da sentido a las consideraciones del comité de expertos que ha examinado las propuestas candidatas a la catalogación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, unas valoraciones que apuntan a lo genuino de esta fiesta como cultura viva, como forma de expresión pegada al territorio y como elemento de cohesión de un colectivo que es el que la impulsa y mantiene.

Córdoba es su Mezquita Catedral, pero Córdoba es también sus patios, unos pequeños espacios llenos de vida que desde hace años abren sus puertas 15 días en mayo –ahora algunos también en Navidad– y que se han convertido en parte indisoluble, imprescindible, del aval turístico de la ciudad. Esta tradición es, sobre todo de un tiempo a esta parte, un foco de atracción de visitantes, llamados por el encanto y la magia que tiene recorrer las calles típicas cordobesas y encontrar en cada rincón un pequeño mundo particular, una microsociedad donde las relaciones sociales y la hospitalidad son su seña de identidad.

La esencia de Córdoba

Leonor Camorra lo tiene claro: "Los patios son la esencia de Córdoba". Su afirmación tiene todo el sentido. La Semana Santa como representación religiosa en la calle tiene múltiples ejemplos, al igual que existen numerosas ferias. Decantarse por una u otra es, en la mayoría de los casos, cuestión de gustos particulares. Sin embargo, "los patios son únicos; no existe nada parecido ni comparable, y eso el de esta tierra lo sabe y lo valora", señala Camorra, quien añade que "los propios cordobeses somos los que mejor vendemos esta fiesta fuera". Y, según los datos, parece que lo consiguen. Un estudio de la firma F&J Martín Abogados con la colaboración de Calma Ingenieros Consultores, que fue presentado el pasado mayo por el delegado municipal de Turismo, Rafael Navas, y la concejala de Tradiciones Populares, Amelia Caracuel, revela que de las 70.317 personas que visitaron los patios hasta esa fecha, 40.784 eran extranjeras y 29.533 españolas. Eso da muestra de la universalidad de la fiesta, de su carácter de celebración abierta al mundo para mostrar las entrañas de la ciudad, lo más íntimo, y qué hay más íntimo que la casa de cada uno. "Los propietarios abren sus puertas sin mirar quién entra mientras ellos siguen en sus quehaceres diarios", comenta Camorra, que es titular del patio de la calle Juan Tocino 3. Ellos, poseedores de ese bien inmaterial que ahora se valora, son los verdaderos protagonistas de esta celebración, ellos junto a los pensamientos, petunias, begonias, pendientes de la reina, rosales, helechos, geranios, pilistras, hiedras, pericones, camelias, buganvillas, ficus, flores del dinero, hortensias, y así una interminable lista de flores y plantas que conforman "un museo al aire libre, un jardín dentro de las viviendas", manifiesta Leonor Camorra.

Coincidencia única

Hay pocos casos, por no decir ninguno, en que en una misma zona geográfica coinciden un bien declarado Patrimonio de la Humanidad, como lo es el casco histórico de la ciudad, y un bien con la catalogación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, a la que aspiran los patios de Córdoba, una coincidencia que también hace única esta fiesta.

Es curioso cómo lo que se hace en el ámbito de lo privado, a puerta cerrada, como es el mantenimiento de un patio, se convierte en un sello, en una marca de Córdoba para todo el que la visita. Ahora, si la Unesco concede finalmente esa designación a esta fiesta con tanto arraigo popular y ciudadano se impulsará aún más esa condición de aval turístico sin parangón y se dará buena muestra de cómo una expresión que nace en el espacio más local puede tomar un cariz internacional por el buen hacer de sus impulsores.

En el aire siempre sobrevuela una pregunta: ¿Conseguirá sobrevivir una fiesta que es fiel reflejo de un modo de vida muy concreto, ligado a un espacio como el casco histórico y relacionado con unas costumbres antiguas? Leonor Camorra tiene la respuesta: "Aquí ya no está la abuela vestida de negro y con el moño; esa mujer no se puede subir a una escalera a cuidar de sus plantas y de sus flores. Ha habido un relevo generacional importante y es esa gente la que está decidida a apostar por esta fiesta".

La literatura ha contribuido a que durante años se haya mantenido un estereotipo romántico de los patios cordobeses, una imagen en ocasiones mitificada que se ha erigido como una cultura oficial para singularizar la ciudad. Pío Baroja en La feria de los discretos o Azorín en Horas en Córdoba , hasta más recientemente Antonio Gala, todos han lanzado loas a los patios que han contribuido a la fotografía de postal de estos espacios. De este modo, en ocasiones se olvida que esta forma de vida, en patios de vecinos con espacios de uso compartido, era una respuesta socio–cultural y económica al estancamiento urbanístico que existió en la ciudad hasta mediados del siglo XX. Así, estas casas se convirtieron en un modelo peculiar y muy extendido en el casco histórico, en muchas ocasiones sin las condiciones que hoy en día se consideran básicas, como un cuarto de baño y una cocina conforme a las normas de higiene.

 

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