MANUEL PÉREZ, Profesor de Historia del Arte. Universidad de Córdoba. 

Hace algo más de un año publiqué en el Diario CORDOBA un texto al que titularon "No construyan el Palacio del Sur" (06/07/2010). Recibí bastantes comentarios, en un ochenta por ciento a favor. Dos días después, el periódico El Día de Córdoba lanzaba en su página web una encuesta preguntando al público si debía construirse, o por el contrario consideraba que sería perjudicial para la ciudad. Otros dos días después la encuesta desaparecía de dicha página, cuando un 75% opinaba que perjudicaría. No sé por qué la quitaron, pero lo intuyo.

Otra vez vuelve a plantearse el debate, y con el pretexto de que pueden perderse 18 millones de euros, se quiere implicar a prácticamente todos los poderes que nos gobiernan a gastar más de 100 millones de euros, que al final tendremos que pagar los ciudadanos, en una inversión que es imposible de amortizar en una ciudad de las proporciones de Córdoba. Sólo en Madrid y Barcelona, las grandes infraestructuras congresuales están siendo más o menos rentables. En el resto de más de cien ciudades españolas con centros o palacios de congreso ya construídos hay déficits importantes en la gestión anual de estos edificios.

Pueden informarse qué es lo que ha pasado en Zaragoza, o más cerca, en Málaga y Granada, todas ciudades con más población y actividad económica que la nuestra en las que los déficits de estas instalaciones, de dos a tres millones anuales, están minando sus presupuestos municipales, y se piensa en privatizarlos, es decir, regalarlos, para así quitarse esa pella.

Los palacios de congresos no son la gallina de los huevos de oro. Sería poco inteligente por parte de nuestras autoridades hacer caer a Córdoba en el mismo pozo, y más aún, con la que está cayendo. Dejemos ya la política de obras faraónicas para encubrir pelotazos y apliquemos racionalidad al gasto público.

Los huevos de oro están en otras cosas que tenemos. En aquel artículo insistía en que lo sensato es dirigir las inversiones a aquellos aspectos que ya están mostrando sus potencialidades y que están generando riqueza en la ciudad. Hay que fomentar los hoteles con encanto que rehabilitan las viejas casas de nuestro centro histórico. Hay que eliminar el cableado tan poco estético de todo el conjunto Patrimonio de la Humanidad y peatonalizarlo al máximo. Hay que fomentar tradiciones atractivas para el turismo, algunas bien enraizadas como el Festival de los Patios o la Semana Santa, y estudiar su ampliación temporal.

Con apoyo del Ayuntamiento podrían mantenerse determinados patios que permitieran su visita en fechas diferentes a la primavera. Se podría crear un Museo de la Semana Santa, incluyendo los pueblos más significativos, de manera que el visitante de cualquier época pudiera hacerse una idea de esta manifestación cultural tan nuestra. Y más aún, por qué no gastarse el dinero en resolver proyectos largamente atascados como el Museo Romero de Torres, el Museo Taurino, o recuperar y fortalecer las rutas o paseos guiados por el casco histórico. También, con una pequeña inversión y personal adecuado, podrían mantenerse abiertas todo el día nuestras iglesias para que fueran visitadas por el turismo.

Fomentar iniciativas semejantes a lo ya hecho con éxito como la Noche Blanca del Flamenco, o Cosmopoética. Esos sí son nuestros huevos de oro y no debemos matar la gallina, sino facilitar su puesta y hacer de Córdoba una ciudad que congrega a la gente que busca cultura.

Córdoba ya tiene un pequeño, pero proporcionado, palacio de congresos, junto a la Mezquita-Catedral, con una programación raquítica. Así que, obviamente, estaría sobredimensionado otro edificio para esa función, por exagerados para nuestras posibilidades. En cambio, podemos aspirar a convertir todo su espacio urbano en "Ciudad de Congresos" sin tener que gastar tanto e invirtiendo con inteligencia en lo que son nuestras fortalezas. Así, recuerdo el espectáculo de las proyecciones de cuadros por nuestras plazas.

Y el día que funcionando bien todo esto, en un futuro todavía no cercano, se vea la necesidad de un nuevo Centro de Congresos, o moderno Auditorio, no piensen tanto en hacerlo junto a nuestros antiguos monumentos con el peligro de afectar su imagen secular. Lo lógico sería hacerlo en los barrios nuevos, escasamente equipados de monumentos, y donde la arquitectura contemporánea de vanguardia sería bien recibida, favoreciendo también la visita a esos barrios. El llamado "efecto Gugenhaim" debe aplicarse en zonas degradadas para recuperarlas, no en aquellas que funcionan bien y son la principal fuente de ingresos de nuestra ciudad, vaya a ser que ese efecto mate a la "gallina de los huevos de oro".

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