Muchas familias viven en casas donde el tiempo se detuvo hace años y apenas se han hecho reformas Ocupan habitaciones pequeñas con el baño y la cocina fuera.

FUENTE: ISABEL LEÑA. DIARIO CÓRDOBA.

Hay casas de vecinos con patios que viven de espaldas a mayo. En ellas, las paredes de esos recintos floridos que tanto atraen no se engalanan para la ocasión, ni reciben ese trasiego diario de gente que quiere captar la esencia de una fiesta única. Son inmuebles que no participan en el concurso y siguen lo mismo durante todo el año, siendo testigos de las penas y alegrías de sus moradores. El tiempo se ha detenido en ellos. Por su aspecto, son edificios que están más cerca del pasado que del presente. Apenas han evolucionado pero los años han hecho estragos en ellos a pesar de alguna que otra reforma con la que sus propietarios han intentado frenar su deterioro.

Uno de esos inmuebles ocupa el número 35 de la calle Moriscos. Su dueña, María Dolores Carmona, y dos de sus inquilinos, Encarnación Céspedes y Manuel Alonso, están sentados tranquilamente en el patio de la casa. Dolores tiene 82 años y lleva residiendo allí 50. Antes de que ella naciera, el edificio se utilizaba como casa de vecinos. Así lo recuerda Encarnación, que, a pesar de sus 86 años, no ha olvidado que su abuela vivía en esa casa antes de que la familia de Dolores la comprara. De hecho, lleva 54 años en la misma y confiesa que está "muy a gusto, tengo unos vecinos muy buenos y siempre nos ayudamos". Se siente tan bien que no le importa tener que salir de las dos habitaciones de que dispone y atravesar el patio para ir al baño, guisar o disfrutar de la pequeña salita que dejó libre otra vecina y también alquiló. "Así ando más", afirma resignada. Manuel, por su parte, lleva solo cinco años en la casa pero la conoce desde siempre. El ocupa parte de la planta de arriba y ahora tiene más espacio porque su hijo "se ha independizado". El patio, ese nexo de unión entre ellos, conserva aún la vieja pila para lavar la ropa "que seguimos usando a pesar de tener lavadora", señala Dolores.

En la casa viven cinco familias y se han hecho algunas reformas. Pero hacen falta muchas más, aunque eso no entra en los planes de nadie. "¿Qué reforma vas a hacer? ¿Cómo vas a juntar las habitaciones?", se pregunta Manuel para concluir que "no tiene arreglo". "Ya hemos arreglado el suelo y la azotea", relata Dolores. Ellos viven felices así. No necesitan nada más.

El número 7 de la calle Humosa es otra vivienda similar. Alrededor de su patio florido transcurre la vida de cinco familias. Una de ellas es la formada por Antonio Ruz, de 70 años, y Carmen Pérez, de 74. Esta pareja cuenta con un pequeña habitación en la que se agolpan todas sus pertenencias sin dejar un hueco libre. Llevan viviendo así dos años y también se ven obligados a atravesar el patio cada vez que tienen que ir a la cocina o al baño. "En invierno es un lío", se lamenta Carmen. "Aquí no tenemos ni teléfono ni nada", añade su marido. Los dos reconocen que no viven a gusto, "pero, ¿qué hacemos?, no podemos permitirnos otra cosa". Aquí tampoco se puede hablar de rehabilitación, "eso es cosa de la dueña", que vive fuera.

Y como estos, hay muchos casos más. Son casas de vecinos que envejecen como sus moradores sin que ninguna generación ponga remedio.

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