Las casas que durante estos días se abren de par en par para exhibir sus rincones más floridos albergan miles de especies distintas que han cruzado las fronteras del espacio y el tiempo y que hay que mimar.

FUENTE: ISABEL LEÑA. DIARIO CÓRDOBA.

Detrás del festival de los patios hay algo más. Tras la belleza multicolor que se abre de par en par durante dos semanas, hay una tradición única, miles de historias y muchas vidas volcadas en su conservación. Pero hay otro aspecto, el más evidente y, al mismo tiempo, el más desconocido. Detrás de los patios hay otra vida, la de miles de plantas que tiñen sus paredes de distintos tonos con especies que hasta ahora han ganado la partida al tiempo y al espacio.

Una de las especialistas en esta materia es Carmen Jiménez, técnica de conservación de planta viva del Jardín Botánico, que recuerda que, a pesar de todo, "estamos ante un paisaje efímero, que depende del hombre, hecho por el pueblo de Córdoba y mantenido por él". La conservación de ese patrimonio se apoya "en un conocimiento transmitido por los vecinos generación tras generación, que permite seguir cultivando y manteniendo las plantas".

"Cada patio tiene su seña de identidad con las plantas, su personalidad", explica Jiménez. La mayoría de las plantas que albergan los patios son herbáceas. Elementos arbóreos hay menos, aunque en algunos recintos se observan naranjos, limoneros, palmeras canarias y trepadoras. Sobre las paredes de los patios cuelgan ejemplares que necesitan muchos mimos. Hay que calmar su sed, quitarle las flores y hojas marchitas, cambiarles anualmente los sustratos, colocarlos en otra maceta, reproducirlos o podarlos. Según Jiménez, "todos estos cuidados forman parte de un acervo popular", del que no se escapan el uso de las plantas en la cocina o su colocación en los patios, que no es cuestión de azar.

Las plantas de los patios cuentan también una historia que trae reminiscencias de otras épocas y lugares. Según explica Carmen Jiménez, del Mediterráneo provienen especies como la menta, el tomillo, el romero o la cineraria candidissima, que procede de Sicilia y está muy presente en el Palacio de Viana. Los narcisos y las azucenas llegaron del Oriente Próximo con los romanos. En época andalusí se introdujeron plantas procedentes del lejano Oriente, como los jazmines y el limonero. En el siglo XVI se produjo la eclosión de especies llegadas de América, como la buganvilla, las dalias, begonias y cactus. Más tarde, en el siglo XVIII, desde Africa entraron aloes y geranios. Por último, en los siglos XIX y XX se introdujeron ejemplares de Australia, como las pilistras y hortensias. Pero todo no quedó ahí. Hoy siguen llegando especies de América, Australia y Africa.

Sus cuidadores no se conformaron con lo que venía de fuera y lo transformaron dando lugar a especies nuevas que hoy decoran los patios. Geranios y gitanillas pertenecen a un género que sufrió ese cambio, el pelargoneum, que vino de Africa del Sur, donde había más de 250 variedades. En el siglo XVII llegó de la mano de los ingleses, que empezaron a hacer cruzamientos. Una de las obsesiones fue crear la flor duplicada. Y se consiguió. Otra, flores que formaran capullo de rosa, que se lograron. Con fucsias, claveles, yedras y buganvillas también se experimentó.

En las plantas hay modas. La actual es buscar ejemplares más simples, resistentes a la sequía y olorosos. Y es que "la jardinería tiene gusto por lo nuevo y hay que permitir ese punto de innovación compaginado con la conservación de lo tradicional", señala. Justo "en ese equilibrio está la personalidad de cada patio", añade. Y los de Córdoba tienen mucha.

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