La vida que sólo deja entrever un patio

Los propietarios del número 22 de la calle Barrionuevo viven estos días acorde a los horarios que marca la exposición

Lourdes Chaparro | EL DÍA DE CÓRDOBA

La vida cambia sustancialmente cuando llega el mes de mayo para la mayoría de los cordobeses, pero aún más para los propietarios de los patios, que tienen que abrir sus puertas a extraños y turistas para mostrar el tesoro que guardan con celo el resto del año. El Mayo Festivo es cuando se sube el telón y comienza una función que se prolonga durante casi dos semanas. Los protagonistas de cada representación son los propietarios de estos tesoros florales y arquitectónicos, que intentan conciliar su papel interpretativo con su vida cotidiana.

Desde hace ya ocho años, cada mes de mayo Isabel Luque y su marido, José Luis Muñoz, participan en esta grandiosa obra, que siempre gana espectadores. Su patio está ubicado en la calle Barrionuevo, 22, en el barrio de Santiago. La presión de los vecinos y también de los amigos obligó a este matrimonio a mostrar su patio, que ya ha conseguido tres primeros premios, cuatro segundos y dos accésit en la categoría de arquitectura moderna o renovada en todo este tiempo. La jornada, explica Isabel, comienzo regando las plantas y limpiando el patio.

Antes de abrir las puertas de su casa es necesario que todo esté en orden y, una vez que está listo, comienza el espectáculo. Isabel reconoce que hay muchas ocasiones en las que tiene que abrir las puertas antes de tiempo porque la gente insiste desde fuera y llama al timbre mucho antes del horario marcado por el concurso. Así las cosas, Isabel asegura que las tres primeras horas de la mañana en las que permanece abierto el patio "se pasan deprisa" porque "todo el rato estás atendiendo a la gente". "Hay veces en la que te cansas, pero compensa", reconoce. La llegada de turistas es constante durante la mañana y, sobre todo, los fines de semana. Esto provoca que "muchas veces no sepas a quien atender", confiesa Isabel.

Las tres primeras horas del día transcurren sin incidencias significativas y llega el primer descanso de la jornada. En esas tres horas, los propietarios han de preparar también las cosas de su casa, tales como la comida, para lo que cuentan con la ayuda de su hijos, que no dudan en echar una mano estos días. Es la hora del almuerzo y del descanso para la familia Muñoz Luque, pero no mucho porque en este tiempo los propietarios tienen que recuperar el tiempo perdido durante la mañana. Tras el cierre de las puertas y la comida, "hacemos un barrido y comenzamos a preparar las velas que encendemos por la noche en el patio", detalla Isabel. Comienza el turno de tarde. El telón del patio se eleva otra vez a las 19:00.

Turistas y más turistas. Vecinos y más vecinos. Visitas y más visitas. Caras de asombro, preguntas y respuestas. Fotos y más fotos. El marido de Isabel Luque reconoce que la llegada del público alguna veces le genera algo de tensión, pero siempre merece la pena.

La noche es, quizás, más proclive al encuentro entre amigos, sobre todo a última hora a tomar una copa o a charlar. "Siempre nos pasamos de la hora", destaca Luque, que también se tiene que ocupar de las llamadas telefónicas que recibe a diario para felicitarles por el éxito de su patio en el concurso o para concertar alguna que otra visita. Luque sostiene que conseguir el primer premio es sustancialmente diferente a un segundo y que para ella "es algo que no tiene comparación". Los premios "son un reconocimiento al esmero que ponemos al decorar el patio, que no es poner macetas", reconoce.

Aunque está acostumbrada a que cada día lleguen cientos de personas, Luque se encontró con una grata sorpresa el pasado sábado. "Normalmente, ya sabes cuando los turistas vienen en un autobús, porque son unos 50, pero el sábado llamaron la puerta y nos dijeron que venían desde Madrid en AVE, y era un grupo de 150 personas", relata con una sonrisa. En su labor de mostrar el patio, Isabel ya sabe cómo defenderse ante la llegada de turistas extranjeros y, cuando apenas saben español, utiliza "el lenguaje universal, que no es otro que el de signos", indica. Detalla también que de lunes a viernes, las visitas que llegan hasta su casa están copadas por turistas extranjeros, mientras que los fines de semana llegan más viajeros españoles. "Cuando llegan se asombran porque no se imaginan que el patio es así", afirma y añade que "hace algunos años, el turista extranjero era, sobre todo, japonés", una situación que ahora ha cambiado porque hasta su casa llega gente de todas partes del mundo en mayo.

Una vez que concluya la temporada de visitas y recuperan su vida tranquila, José Luis Muñoz e Inés Luque respirarán tranquilos, "pondremos nuestros sillones y haremos nuestra vida normal", apostilla.

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