Las familias que cuidan los Patios demuestran cada año que reúnen todos los requisitos para convertirse el próximo noviembre en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

FUENTE: RAFAEL C. MENDOZA. EL DÍA DE CÓRDOBA. 04.05.2012

La fiesta de los Patios Cordobeses se ha visto en dos ocasiones apeada del camino que conduce a formar parte del listado de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, bien para dejar paso a otro bien intangible -como ocurrió con el flamenco- o simplemente para coger impulsos con vistas a la cita de 2012. El próximo noviembre se enfrentará a su prueba final y parece tenerlo todo de cara. La tradición tiene mimbres sobrados para alcanzar el objetivo, así que lo único que falta es justificar sobre el papel que esto es así. La admiración que provoca en muchos miles de turistas, procedentes de infinidad de rincones del mundo, y su notable peso histórico seguro que ayudarán a lograr el reto, pero la Unesco, el organismo que tiene la última palabra, exige que se cumplan cinco requisitos.

La Unesco necesita, por tanto, sólo cinco razones para convencerse de que la fiesta de los Patios está a la altura del mariachi, el fado o el flamenco, que son algunas de las últimas incorporaciones a la codiciada lista. La tradición cordobesa demuestra cada jornada, y no sólo en los diez días que dura el concurso popular, que las cumplen a rajatabla. Tiene arraigo, identidad y garantizada su continuidad; es una herramienta integradora; existe participación en el trabajo realizado para optar a la deliberación de la Unesco; se beneficia de la salvaguarda de las administraciones públicas; y, por quinto y último, la fiesta está inscrita en el Atlas Inmaterial de Andalucía.

Basta con elegir varios patios -casi al azar- para darse cuenta de que el objetivo está al alcance de la mano. La mayor parte de ellos reúnen todos estos requisitos y algunos otros más que no exige el citado organismo, sobre todo los de carácter material, como las variedades florales que miman las familias o las arquitecturas antiguas y modernas que hacen más singular la fiesta. Es ese "espacio físico inherente a la fiesta" al que se alude una y otra vez para decir que el patio en sí tiene un valor secundario para la Unesco.

POZANCO, 21 En uno de los extremos de la calle Pozanco, entre los barrios de San Agustín y San Lorenzo, se esconde uno de los patios más emblemáticos de la ciudad. Dejando a un lado la antigüedad de la casa, que era parte de unas antiguas dependencias religiosas desamortizadas en el siglo XIX, y la infinidad de detalles que llaman la atención de todo visitante que se acerca a esta vivienda, este patio cumple el arraigo y la continuidad que reclama la Unesco. Tres generaciones han cuidado de él y ahora son Elisa Pérez, de 72 años de edad, y Carlos Peinado, de 43, los que se encargan de que la tradición perdure en Pozanco otro siglo más. Ella recuerda que, aunque la casa la compró su abuelo en 1919, aprendió todo lo que sabe de su madre y no de sus abuelos. Sin embargo, pese al "amor a las plantas" de su progenitora, el patio no entró en concurso hasta 1993. Desde entonces ha logrado tres accésit y tres menciones. Elisa recuerda que su madre plantó el naranjo y el limonero que tanto gustan a los turistas. El primero tiene algo más de medio siglo de vida y el segundo, dentro de un antigua bidón de la Carbonell, apenas unos años menos. Tres generaciones, en definitiva, que han mimado cada planta de los varios centenares que hay en este patio, muy singular por el largo corredor que lleva desde la calle Pozanco hasta la vivienda propiamente dicha.

CHAPARRO, 3 Este patio, situado entre el barrio de Santa Marina y la plaza de Colón, es el paradigma de la integración y la convivencia, razones que resultan cruciales en la deliberación de la Unesco. Las seis familias hacen vida en el patio "prácticamente como se hacía a mediados del siglo pasado", manifiesta Agustín, uno de los propietarios. Prueba de que este espacio común está concebido para "vivirlo" es la mesa de tamaño medio que hay en el centro, perfectamente preparada para que unos y otros saquen unas bebidas y unas tapas para compartir, y la propia ubicación de las flores y el resto de las plantas. Sus titulares explican que para entender los valores de convivencia tan característicos de este patio hay que saber que ellos mismos compraron el solar e hicieron las viviendas hace en torno a un cuarto de siglo. Es un lugar apacible para el visitante e ideal para tomarse una copa de vino y disfrutar de la música de jazz y flamenco que suena para ambiente.

JUAN TOCINO, 3 Ésta es la vivienda de la presidenta de la Asociación de Propietarios Claveles y Gitanillas, Leonor Camorra. Ella está al frente de uno de los colectivos que han prestado -y prestan- una mayor colaboración al Ayuntamiento para que el objetivo de convertir la fiesta de los Patios en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad sea una realidad el próximo noviembre. Es, por tanto, el fiel reflejo de la participación popular en la candidatura que reclama el organismo internacional. Al analizar el papel que ha jugado tanto ella como el resto de titulares de patios de la ciudad, destaca los videos, las fotografías y los testimonios (entrevistas) que han aportando al informe. "En las fotos y videos que tenemos queda claro que el patio es el trabajo de todo un año y no sólo de unos días", declara Camorra, que puntualiza que en la pasada Navidad remitieron al Ayuntamiento otra partida de instantáneas que reflejan que la tradición también está muy viva en esta época del año. Su patio, de 220 metros cuadrados (es de los más grandes de los que participan en el concurso popular), se caracteriza por estar concebido para "hacer vida" en él. No es una sucesión de macetas ni una eclosión de colores primaveras como otros, sino un espacio muy cómodo para "disfrutar". Cuenta con un primer premio y varios accésit desde su primera participación en 1998. Ella fue además quien promovió que se creara la categoría de arquitectura moderna en el certamen.

SAN JUAN DE PALOMARES, 11 Fue la primera casa-patio que rehabilitó la empresa municipal de Viviendas de Córdoba (Vimcorsa) -actualmente hay otras dos, las de Martín de Roa 7 y 9-, lo que demuestra la implicación de las administraciones públicas con la tradición. En ella vive Mayte Adrián y el inmueble sirve además de sede a la Asociación de Propietarios Claveles y Gitanillas, que comparten el cuidado del patio. Son muchos los requisitos que reúne esta casa, todos ellos válidos para la deliberación de la Unesco. Vimcorsa ha logrado además que una ciudadana que no había vivido nunca en una casa-patio esté enamorada de esta tradición. Le gusta leer la historia del espacio del que es inquilina y asegura orgullosa que suma 38 premios, 12 de ellos primeros, en las muchas décadas que lleva en concurso. Vimcorsa ha salvado un patio y lo ha dejado en manos de alguien que le dedica tiempo todos los días. El suelo de chinos, la teja de los voladizos, la pila árabe y el pozo con brocal de piedra son algunos de los detalles que provocan la admiración de los turistas. La palmera y el balcón de gitanillas también tiene un gran protagonismo.

TINTE, 9 Ana Muñoz, la cuidadora de este singular patio cercano a la ermita de los Mártires, fue una de las personas que dieron testimonio para la inclusión de los Patios en el Atlas Inmaterial de Andalucía, el quinto de los requisitos que obliga a reunir la Unesco. Durante la entrevista, destacó las horas de trabajo que acarrea el cuidado del patio, la trayectoria el concurso y aspectos relacionados con el aprendizaje. "Les dije que fue mi abuela, que vivía en el entorno de la Catedral, la que me enseñó todo lo que sé", declara. También trasladó detalles alusivos a la antigüedad de la vivienda (del siglo XVIII) y la amplia variedad floral que tiene. Ella destaca el colorido de geranios y gitanillas.

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