«Los patios no pasan de moda y son lo único personal que tiene Córdoba en mayo»

TEXTO: RAFAEL A. AGUILAR

 

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FOTO: VALERIO MERINO

CÓRDOBA. A Elio Berhanyer, nacido en 1929, le duele esta ciudad. Le duele porque «ha perdido lo que mejor debía conservar, que son sus tradiciones». Hoy hablará de la Córdoba de su nostalgia en el pregón que pronunciará a las 20.30 horas en el Alcázar.

 

-¿Cuál va a ser el tono de su intervención de hoy?

-Hace 70 años que no vengo a Córdoba y sé muy poco de ella. Cualquiera que pase por la calle sabe más de esta ciudad que yo. No quiero adelantar cosas del pregón, pero sí puedo decir que la Feria no me interesa nada, las detesto todas, porque todas son iguales. Por eso no voy a hablar de ella, igual que no voy a mencionar los toros. En lo que me voy a centrar es en lo único que tiene Córdoba, que son los patios. Por algo fui vecino de Santa Marina y toda mi familia había sido piconera.

-¿Es ésa, la de los patios, la manifestación que más le gusta de mayo?

-No es que sea la que más me guste, es que las ferias son todas iguales: casetas, bailoteo, la bebida y el colorín. Y yo no soy colorín, porque mi Andalucía es blanca de cal, no de colorines. Pero los patios son una cosa personal de Córdoba. Y de los toros tampoco voy a hablar, porque no me gusta que se maten animales. Lo único que voy a decir en el pregón es que los mejores toreros de la historia han salido de aquí, de Córdoba.

-¿Qué recuerdos tiene del mayo de su infancia?

-Son los de un niño de siete años y no tienen nada que ver con la realidad de la Córdoba actual, porque desgraciadamente se han ido perdiendo todas las costumbres maravillosas de la ciudad. Lo que a mí me gustaría es que se conquistaran otra vez. Porque el turismo no viene a Córdoba a ver un edificio moderno, viene a ver las costumbres antiguas, la gastronomía. Pero es que ahora ni se cocina igual, porque uno va a un restaurante de los de siempre y resulta que le ponen un rabo de toro que no es rabo de toro ni es nada. Hace setenta años las costumbres se conservaban. Por ejemplo, en las cruces, el Cristo de los Faroles aparecía lleno de flores porque las depositaban allí las mujeres y los niños de los colegios.

-¿Qué más cosas de ese mayo que usted añora se han perdido?

-Muchas. El año pasado me quedé horrorizado, porque me metí en un patio en el que estaba puesta música de discoteca. Eso no se puede hacer.

-Porque los patios son, o deben ser, el silencio, ¿no?

-Los únicos ruidos que se admiten en un patio son los de una golondrina y de una campana. Eso por la mañana. Y por la noche quizás los de alguna guitarra. Antiguamente, los visitantes de los patios llevaban romero o moñas de jazmines que se tiraba al suelo para que oliera a campo, pero eso se ha perdido también. Ahora la gente no lleva nada.

Responsabilidad

-¿Quiénes son los responsables de que tantas cosas se hayan perdido?

-Los cordobeses en general. Y las madres viejas que han dejado de hacer las cosas que hacían de jovencitas, que a los hijos no les han trasmitido las tradiciones. La culpa la tiene el pueblo.

-¿Le duele que los patios hayan dejado de estar de moda?

-Es que no han pasado de moda, porque se siguen montando año tras año, pero de una forma distinta a la de antes. Lo malo es que en esta ciudad se tiende a confundir lo moderno con lo antiguo para luego mezclarlo todo. Y eso no funciona. Nunca funciona.

 

 

 

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