Córdoba ha dado un primer paso muy importante para que la Unesco declare la fiesta de los patios Patrimonio Inmaterial de la Humanidad Es un gran estímulo para la ciudad.

FUENTE: JOSE LUIS RODRIGUEZ DIARIO CÓRDOBA. 

Desde luego, los miembros del Consejo del Patrimonio Histórico que se reunieron el jueves y el viernes en Mallorca no se jugaron el pan de sus hijos al tomar la decisión sobre los candidatos a convertir en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Apoyado en el clima de Mallorca, y mecido por el mar, la comisión optó por el café para todos y no solo dio el visto bueno a las tres candidaturas españolas que se presentaban sino que añadió, de postre, la del flamenco, que quizá será la competidora más seria que tenga Córdoba cuando dentro de un año se tome la decisión.

Estaban tan a gusto estos señores en la bella isla que no quisieron amargarse el dulce rechazando candidatos, y enviaron el balón hacia la Unesco, que deberá decantarse entre los patios de Córdoba, el flamenco, los castellets de Cataluña y el canto de la Sibila de Mallorca. Así las cosas, Córdoba vuelve contenta, pero con su objetivo aplazado, pues no solo deberá competir dentro de año con otros países sino con los mismos competidores con los que concurría esta semana a la cita del organismo español. Decía el alcalde, Andrés Ocaña, que la candidatura cordobesa era la más completa y la más trabajada. Desde luego iba respaldada por un trabajo exhaustivo por el que hay que felicitar al Ayuntamiento, y a la directora del Archivo Municipal, Ana Verdú, que tuvo que verse en un aprieto para concretar en un cuarto de hora el ingente material que respaldaba su presentación.

Dejando aparte el buen expediente, está claro que los patios son un fenómeno de un atractivo incuestionable, auténtico y que hunde sus raíces en una forma de vida que valora la belleza del entorno por encima de los medios económicos. Quizá lo mejor de los patios es la dignidad con la que personas humildes son capaces de crearse un entorno bello, con pocos medios y mucha dedicación.

En cuanto al acuerdo adoptado por el Consejo de Patrimonio Histórico, lo mejor es el estímulo que puede suponer para Córdoba. La ciudad lleva tanto tiempo reflexionando sobre su inmovilidad y su falta de iniciativa que ni siquiera se da cuenta de cuando está poniéndose en marcha. Tener un objetivo de trabajo, al igual que el de la capitalidad cultural, es, en sí, un factor de gran importancia para generar ilusión y para despertar el amor propio de esta tierra más allá de la grandiosidad de la Mezquita o del pasado califal.

Los patios de los ricos serán espectaculares, pero nada hay más hermoso que el patio con las gitanillas saliendo de los tiestos de barro y de los tapones de suavizante. Nada hay más conmovedor que esas abuelas relimpias con su mandil, su palo y su lata dedicadas cuatro horas al día, o las que sean, a su jardín de flores. Y eso es lo que se está perdiendo, lo que hay que proteger, aunque las cuidadoras se vayan y haya que buscar jardineros profesionales que recorran estos huertos, o facilitar viviendas gratis a jóvenes que se comprometan a mantenerlos.

Lo que sea. Es el momento de las ideas, es el momento de planificar cómo evitar que una masa de turistas invada durante dos fines de semana al año unos lugares que son para disfrutarlos despacio, para degustarlos, para charlar con sus propietarios sobre cómo se consigue este color o esta variedad.

De momento solo cabe dar la enhorabuena al Ayuntamiento, a las asociaciones y a los propietarios de estos espacios que nos enorgullecen, con la esperanza de que esta bandera sea un aliciente más para la Córdoba nueva que se quiere construir.

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