FUENTE: EDITORIAL DIARIO CÓRDOBA

Con el comienzo, ayer, del Concurso Popular de Patios Cordobeses -después de haberse celebrado ya la Batalla de las Flores, las romerías de Santo Domingo y de la Virgen de Linares y haber asistido, con normalidad, a la primera gran concetración popular, las cruces- Córdoba se adentra de lleno en el mes más señalado de su calendario a lo largo del año.

Una verdadera avalancha de actos jalonan el mes de mayo de un contenido festivo no habiendo un solo día del mes huérfano de programación. La Cata del Vino Montilla-Moriles, que este año celebra su XXVI edición, la VII Feria del Caballo -Cabalcor-, el concurso de Rejas y balcones, el XV Festival de Blues "Ciudad de Córdoba", las serenatas en plazas y rincones de la Córdoba histórica, así como el flamenco, los toros y la Feria de Nuestra Señora de la Salud completan el abarrotado calendario de convocatorias populares.

LA ESTRELLA DEL MES

Pero con ser atractivos todos los ofrecimientos festivos Córdoba mantiene una singularidad que la hace distinta al resto de ciudades: sus patios y el concurso que de manera oficial se programa en torno a ellos. Porque, de todos es sabido, que las romerías, las cruces, los toros, las ferias, e incluso las catas, son convocatorias festivas que pertenecen al calendario de muchas ciudades y pueblos. Pero la oferta turística y de belleza que posee Córdoba en sus patios es algo único. De ahí la voluntad ciudadana de convertirlos en Patrimonio Intangible de la Humanidad.

MORIR DE EXITO

Pero precisamente en esa singularidad que ostenta Córdoba y que, afortunadamente, sus organismos competentes en la materia se han encargado de difundir para que sean, además de solaz para los sentidos, fuente de ingresos, puede estar su peligro.

Ya ocurrió el pasado año y ayer volvió a suceder. Grandes multitudes desembarcan en la zona de los patios queriendo descubrir sus misterios. Además de alborotos e incomodidad provocan un cierto desencanto en quienes no gustan de las multitudes y prefieren una relativa soledad para contemplar la singularidad que se les ofrece.

Los dueños de los patios hacen lo posible por mantener viva la llama de esta tradición que, en un momento dado, comenzó a desmoronarse. Lo mismo ha hecho el Ayuntamiento y otras instituciones, que han contribuido, con mimo, a la permanencia de este tesoro.

Pero urge, además de asegurar la fiesta, que ésta se desarrolle en las mejores condiciones tanto de acceso como de contemplación. En ello va el buen nombre de Córdoba.

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