RAFAEL ARENAS CASTILLA. Gerente de F&J Martín Abogados. Director de relaciones institucionales de la Fundación Bodegas Campos.

Mucho se ha escrito últimamente en las páginas de este periódico sobre la fallida declaración por la Unesco de los patios de Córdoba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad . Como es bien sabido el tema, tras la reunión de Bali, ha quedado aplazado para 2012 y, como viene siendo habitual en la ciudad, han arreciado las críticas al promotor de la iniciativa, el Ayuntamiento, por no hablar de quienes consideran innecesario o hasta negativo tal declaración, olvidando que ello contribuiría a su revalorización y conservación. Pues bien y al hilo de todo ello, pretendo formular algunas reflexiones y que motiven un debate constructivo, partiendo del contenido de un informe que F&J Martín Abogados está realizando y que pronto verá la luz.

En primer lugar, los patios y su fiesta son algo único en nuestro país. Constituyen uno de los patrimonios culturales más emblemáticos de Córdoba. Se trata, además, de algo vivo, tal como se nos recordaba en el catálogo de la exposición El patio de mi casa , realizada con motivo de Córdoba 2016. Es decir, un ámbito de vida cotidiana de la gente y no un cliché temático para el turismo. Contribuyen a definir el rostro de nuestra ciudad y su rico perfil histórico, arquitectónico y de ambiente doméstico/urbano. Ahora bien, los patios no deben verse tan sólo como un elemento arquitectónico de primer orden, sino como una forma de ser íntimamente relacionada con la manera específica en que las personas y la comunidad conviven e interactúan entre sí y con el entorno, que trasciende la dimensión puramente estética.

De un lado, los patios son una forma de vida, de vida en comunidad, que se entronca en las tres culturas que han definido nuestra forma de ser. De otro, la fiesta es un ejemplo de compartir, con propios y ajenos, el ámbito más íntimo de todo ser humano como es su domicilio, pues es un pedazo de naturaleza y de ciudad dentro del hogar. Ambas razones justifican, sin duda y porque son valiosos tesoros que deben abrirse al mundo, su declaración como patrimonio inmaterial. Este se define en la Convención de 17 de octubre de 2003 y con palabras plenamente aplicables a nuestros patios: usos (un lugar comunitario); representaciones y expresiones (exposiciones como El patio de mi casa o la realizada por BBK Cajasur con reproducciones de obras de arte, son un buen ejemplo o el que a partir del siglo XIX algunos artistas cordobeses optaron por instalar en los patios sus estudios); conocimientos y técnicas (la manera de regar o cuidar las plantas); junto con los instrumentos, objetos, artefactos (plantas, flores, decoraciones y fragmentos de antiguas arquitecturas reciclados) y espacios culturales que los ciudadanos reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio, transmitido de generación en generación, ha de ser recreado constantemente en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiendo a los ciudadanos un sentimiento de identidad y continuidad, contribuyendo a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.

El hecho de que la Unesco haya dejado sobre la mesa la declaración para su estudio en 2012 puede deberse a que no se hayan explicado, suficientemente, algunas cuestiones. La primera, la imbricación con la vida colectiva: el hecho de que estamos ante una tradición viva, centrando el enfoque más en el plano patrimonial y no en el participativo. La segunda, las medidas de salvaguardia que podrían protegerlos y promoverlos. La tercera, el apoyo de todos los sectores implicados. Por último, el que figuren en el inventario del patrimonio cultural inmaterial local, autonómico y estatal.

Sin duda en esta ciudad sabemos hacer bien las cosas, pero, en ocasiones, desconocemos venderla y promocionarla debidamente. En definitiva, nos falta ese punto que da la excelencia y que te diferencia de los demás. En los pocos meses que nos quedan es preciso aunar esfuerzos y visualizar ante la Unesco que todos los sectores implicados (propietarios, administraciones, Universidad, agentes culturales, empresarios y todos los cordobeses) apoyamos la declaración. Así debe constituirse, bajo la batuta del Ayuntamiento, la Fundación de los patios cordobeses o utilizando la existente Fundación Córdoba Ciudad Cultural . La misma ha de ser el punto de encuentro de los citados sectores para coordinar un calendario de actividades –Córdoba no empieza ni termina en mayo–, tan amplio como sea posible y que haga un seguimiento de los trabajos tendentes a elaborar el dossier. También ha de constituirse en foro para discutir otros acontecimientos de relevancia, tales como las cruces, la cata –esa cata que deberíamos replantearnos– o el caballo.

Ahora, más que nunca, tenemos que apoyar todos, porque todos estamos en el mismo barco y tenemos que remar en la misma dirección para conseguir esa ciudad que queremos y que nos merecemos. Sin excepción.

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