FUENTE: EL DÍA DE CÓRDOBA. 11.11.2012

ALGÚN parajarraco de este oficio inventó una sentencia de esas que se graban en piedra. Lo bueno no vende. Las noticias generosas y positivas no tienen tirón entre la audiencia. El pasado domingo, en este periódico tuvimos el placer de contarles que la Unesco, la agencia de Naciones Unidas para la cultura, tiene ya preparadito el expediente para que la fiesta de los Patios de Córdoba sean Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. He de reconocer que el recibimiento de la noticia, en cierto modo, nos impresionó. Un montón de gente se alegró en las redes sociales, compartiendo la información, por una buena noticia después de tanta pena, demonios.

Para que ustedes sepan cómo están las cosas, la Unesco evalúa las candidaturas que presentan los estados miembro, que este año son 36. Antes de que se reúna el comité internacional, algo que tendrá lugar durante la primera semana del mes que viene, los expedientes pasan por un grupo consultivo formado por expertos de algunos de los países que elaboran, entre otras cuestiones, las indicaciones de la reunión final. La propuesta sobre la fiesta de los Patios, ya lo saben desde el domingo por la mañana, es inscribirlo en la lista de la Unesco que reúne el Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Un informe positivo convierte la reunión de París, que inicialmente se iba a celebrar en la isla de Granada, en un mero acontecimiento protocolario y diplomático.

Las normas de la organización internacional dejan meridianamente claro que lo que se premia no es la materialidad de los patios, los recintos mismos, sino una expresión popular, una fiesta lo suficientemente arraigada que proporciona sentido de continuidad a la comunidad en la que se produce. El reconocimiento Unesco, cuando llegue, no implica ni premios económicos ni ayudas materiales. Es un sello, una marca, que implica que las cosas tienen un valor que supera el ámbito de lo estrictamente local para adoptar una impronta internacional.

La distinción de Naciones Unidas le llega a los Patios en un momento verdaderamente relevante. Que la fiesta de mayor tiene un tirón turístico innegable no implica que el valor del asunto es que se trata de casas de verdad, familias reales, vidas vividas. El éxito de la fiesta reside pues en una certidumbre urbana y es que existan personas dispuesta a seguir residiendo en el Casco Histórico en casas de planta tradicional dispuestos a seguir viviendo de una determinada manera, en un contexto concreto.

La inmaterialidad del patio está ligada a la vigencia del Casco Histórico como un lugar activo. La apertura generosa de las casas durante los días de mayo sólo tiene una clave: que sea verdad. Montar un parque temático de colas en mayo y vacíos el resto del año sólo contribuirá a que la fiesta se pierda como tantas otras manifestaciones humanas, producto de su éxito comercial. Algunas de las ideas que se han escuchado, como establecer entradas por barrios, pueden contribuir a ordenar algo que en estos momentos es caótico pero también tienen el riesgo evidente de que la experiencia sea tan falsa como un duro de chocolate. Bien están iniciativas para que entre el dinero del turista en esas casas aunque sigue siendo asignatura pendiente premiar, de la manera que proceda, la generosidad de unos habitantes cada vez más mayores a los que les cuesta esfuerzo y dinero un atractivo de ciudad. Es evidente que las asociaciones de propietarios llevan razón en que hay empresas que ganan dinero con esa costumbre y que esas plusvalías tienen que revertir en las personas sin las cuales no hay fiesta.

La crisis económica ha puesto en entredicho muchas cosas. Entre otras, que preservar la ciudad histórica es un argumento relativo cuando por medio andan empleos o euros. La actual normativa urbanística es rígida y, en muchos casos, inadecuada. Pero. Bajar la guardia ante la destrucción del patrimonio o plantearse medidas permisivas con la destrucción del mallado de la ciudad histórica no es un negocio a largo plazo para esta ciudad por mucho que, con las luces cortas, esté bien la apertura de un negocio, la conversión de un edificio con siglos en un hotel o la división en apartamentos en una casa. Las estrategias para fijar población siguen siendo obligatorias teniendo en cuenta que las actuaciones en casas patio suelen tener menos recursos de los esperados. Revisen las cuentas de Vimcorsa.

Si hay que alegrarse por alguien con la distinción de la Unesco, es por los que cuidan de su patio como un palacio. El organismo internacional tiene en marcha mecanismos de vigilancia cuando realiza reconocimientos de estas características. Imperfectos e influidos por la política y la economía, pero que tienen cierta relevancia porque vienen de una organización con cierto halo de beatitud. Los poderes públicos se comprometen, al presentar la candidatura, a medidas de protección y promoción de una fiesta que no es fiesta ni es nada sin las personas. A ello, pues.

Idiomas