«Córdoba es flamenco por los cuatro costados, como en Cádiz, Jerez, Triana, el Sacromonte o Málaga. Pero Los Patios son nuestra soleá, la jondura de nuestra esencia»

FUENTE: FRANCISCO J. POYATO. DIRECTOR DE ABC CÓRDOBA.

Los Patios son la soleá de Córdoba. Centro neurálgico del arte jondo, entre la melancolía con hondura y el jaleo exultante de la primera naturaleza. Los Patios son ese centro neurálgico de Córdoba, la que Camilo José Cela describía como ciudad difícil de encontrar pero fácil de adivinar. Son la jondura entre el recogimiento y el jaleo a través de una explosión sensorial, desgarradora. Casi como la hiedra a la pared encalada, las esencias del flamenco, recitado, cantado y bailado en su musicalidad, pueden aferrarse a las de cualquier patio cordobés en medio de su aparente quietud.

Desgraciadamente, y como casi todo, también Los Patios son moneda de cambio inmaterial. Del vulgar trapicheo político que acostumbra a campar a sus anchas desde hace décadas. Como si en el ADN cordobita estuvieran los fenicios incardinados hasta límites insospechados. Todo es negociable, hasta las esencias, aunque con el trato se desplume a la autenticidad y su máximo valor, en el cual todos los cordobeses confluimos arropados por el piropo y el asombro del visitante. Hubo un momento en que el Festival de Los Patios languidecía. Hace un lustro, los propietarios, ya mayores en muchos casos, no tenían relevo a su templada labor de miriñaque y milagros en pequeño. Las casas-patio se caían a pedazos, el coste del mantenimiento se disparaba y la concurrencia a la competencia aminoraba frente a una irreal imagen de saturación y ambrosía que daban las colas de San Basilio con el Imserso.

El tesón de estos propietarios y aquellas personas anónimas que trabajan denodadamente en la sombra por el festival y la tradición más genuina y popular de esta Córdoba procuró nuevas ideas. Al menos, propuestas por las que reinventar, a lo menos sostener, el modelo turístico y de supervivencia antropológica de todo lo que arrastran las casas-patio: patrimonio humano, natural, social y hasta si me apuran filosófico. Los políticos, acostumbrados a la sepia postal roída de la foto por la foto y nada más que por la dichosa foto, encontraron una buena vía para endiñarse su habitual mandanga hueca. Una sacó de la chistera de su programa electoral una fundación para salvar a los patios como si de una oenegé se tratase. Otro sacaba las cuentas públicas y comparaba el apoyo municipal a esta tradición y espectáculo con las subvenciones a las peñas, el castrismo o el lobbyfeminista. Alguno se montó en las burbujas del alcohol para prometer el frondoso título de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad concedido por la Unesco…

 Como siempre, la casa por el tejado.

 El único rayo de sensatez vino de los propios afectados. La gente de los patios. Los que de verdad conocen sus entrañas, sus pesares y sus bondades. Había que romper con la peligrosa saturación de las dos semanas que en mayo acapara este festival para darle continuidad en el tiempo, equilibrar la demanda y enriquecer la oferta con alojamientos y otras prestaciones que partieran de una empresa capaz de comercializar bajo criterios razonables este diamante en bruto. Mientras los políticos seguían a lo suyo, a prometer flores de un día y comisiones imperecederas, las familias anónimas continuaban en su brecha.

Fue entonces cuando el Pleno decide por unanimidad reimpulsar el festival y todo lo que le rodea con la mente puesta en asegurar su continuidad. Un rayo de sensatez caía sobre estas mentes lúcidas. Vimcorsa se enfrascaba en la compra de algunas de las casas-patio más simbólicas y deterioradas en un loable gesto de quien manda «aparcar el cerebro a la puerta de la sede del partido a las señoras del PP». Y, a la vez, surgió la iniciativa de elevar a la Unesco un dossier con el Festival de Los Patios para aspirar a ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Albricias. Fue cuando se acabó la soleá y empezó la bulería. En julio del año pasado, el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía defendían ante el Gobierno la candidatura cordobesa que acabó pasando el corte y entrando en el lote de propuestas que España elevaría en 2010 a la Unesco. O eso creíamos.

Como ya sabrán por Canal Sur TV, el flamenco se ha convertido en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que, en realidad, es un título honorífico que hace justicia a un eje central de nuestra cultura universal que ya estaba muy por encima de esas menciones que exigen más de lo que dan. Bueno, para Canal Sur TV, hemos ganado las Olimpiadas del Flamenco. A vista de la parrilla, es obvio tal despliegue frente al leve bisbiseo sobre las protestas de miles de funcionarios.

Hete aquí que llega Ocaña y, como si tuviera preparada la frase desde hace meses, suelta el mismo día del taconeo de la Unesco que tuvo que apartar la candidatura de Los Patios a última hora por culpa de la Junta, que de buenas a primeras apostó por el flamenco rumbosa ella. «Espero que a nadie se le ocurra dejar fuera a Los Patios en 2011», sentenció el alcalde. ¡¡Arsa y olé, toma picón!! Ahora todos se echan la culpa, la Junta a Ocaña, éste a la Junta y el Gobierno enredando y terciando con misivas. Y, por supuesto, los más locuaces, como siempre, se la echan a ABC… ¡Tocotó!

Córdoba es flamenco, por supuesto, faltaría más, por los cuatro costados y no desde hace cuatro ratos. Como Jerez, como Cádiz, como Triana o el Sacromonte. Como Málaga.Y debemos estar orgullos de esa mención al flamenco. Pero Los Patios sólo están aquí y representan, única y exclusivamente, la esencia de esta ciudad. Toda esta pantomima debilita aún más a esta tradición. La achanta y minusvalora. La Junta de Andalucía nos han engañado como a chinos, porque nadie tuvo el arresto de contar la verdad en aquel momento en que la política irrumpía por la calle de enmedio tirando las gitanillas de la ingenuidad. Y es vergonzoso que un alcalde tenga que decir lo que ha dicho a toro pasado y tragarse un sapo que ni siquiera sabe si va a digerir. Tantas expectativas, estudios, fundaciones y comisiones para qué. Menudo patio flamenco…

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