Los rostros que superan a los números y los planos. Los vecinos de los dos patios del barrio del Alcázar que se recuperarán aguardan la reforma que cambiará sus vidas.

FUENTE: ISABEL LEÑA. DIARIO CÓRDOBA.

Martín de Roa, 9, se llenó otra vez de visitantes. No iban a admirar los colores de sus plantas, que en mayo estaban tan vivos que es imposible olvidarlos. Unos estaban allí para mostrar los primeros resultados de un estudio que contribuirá a rehabilitar este inmueble. Otros, para escucharlos. Y entre ellos, los rostros de un proyecto complejo que cambiará sus vidas, las voces que superan a los números y los planos.

Uno de los investigadores, Diego Moreno, dio en la clave: "Cuando uno se pone a medir, surgen anotaciones sobre las vivencias personales de los habitantes de la casa". Por eso, no pudo evitar hablar de Isabel, que les mostró "amablemente" su casa, o de su marido, que "cuida de los pájaros que tiene en el patio". Ni de María, "que lleva mucho tiempo arreglando su casa con pocos medios pero con mucha cabeza". Tampoco de Antonia, que ocupa una vivienda "en la que viven cuatro y antes estaban ocho". También tuvo palabras para Fermín, "que se las ve y se las desea para controlar el tráfico de la gente en la fiesta de los patios", y para Ana, su madre, "que tiene 95 años y siempre te invita a comer". Recordó a Manuel, "que no se acuerda cuánto lleva aquí, pero sí que llegó cuando murió Franco"; a Juan El Langosta , "un artista en toda regla", que "suda la camisa para engalanar el patio"; y a María Dolores, "que ha sobrevivido a dos maridos y los que vengan". Todos son el alma de Martín de Roa, 9. También mencionó a María Luisa, "su encuestadora" particular; y a Pilar, las heroínas de Martín de Roa, 7.

Todos aguardan esta rehabilitación. María Luisa Rubio confiesa que siente "ilusión" porque cicatricen de una vez por todas las heridas que sufre el número 7, cuyo patio dejó de concursar en el 2006 y desde entonces espera que alguien le eche una mano. Su vecina, Pilar Expósito, tiene pánico a la escalera e insiste en que la arreglen.

El número 9 ha reaparecido en el concurso este año tras varios de ausencia, logrando el segundo premio de arquitectura tradicional. Sus vecinos están de acuerdo en que necesita una mejora, pero no todos tienen tan claro que haga falta en las viviendas. En una esquina conversaban Dora Blánquez y Dolores de la Haba. Esta última lo dejó muy claro: "El patio sí, pero mi casa no". Luego rectificó: "La verdad es que siempre hay algo que arreglar". Y en estos dos inmuebles queda mucho por hacer.

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