Mil maneras de apreciar los patios La lluvia permanente no disuade a miles de turistas de visitar los recintos

FUENTE: ÁNGEL ROBLES. EL DÍA DE CÓRDOBA. 06.05.2012 –

El pozo encalado, esos helechos sobre fondo blanco, las puertas azules recién pintadas, la explosión de color de los geranios, el sonido de la fuente. Los flashes de las cámaras de fotos y las expresiones de asombro, en diferentes idiomas y acentos, se disparan cuando uno visita estos días cualquier patio. Pero, ¿qué piensan esos miles de turistas que recorren cientos de kilómetros para disfrutar de la tradición cordobesa más universal?

"Todo llama la atención. Los colores, la gente… Cada patio tiene su propio aspecto y su propia personalidad. En Irlanda no tenemos nada parecido", describía ayer Giana Henningan, una profesora de inglés procedente de Cork que llegó a Córdoba en julio del año pasado. En la capital del sur de la isla esmeralda, a cualquier cordobés le llamarían la atención los robustos árboles centenarios que circundan el castillo de Blarney, la torre medieval que custodia la piedra de la elocuencia. De aquellos prados interminables a los íntimos jardines interiores cordobeses no sólo hay un par de horas de avión. También hay dos culturas, dos formas de entender el mundo: "Allí buscamos la luz del sol. Y aquí de lo que se trata es de evitarla", diferenció Hennigan, que hizo de Cicerone para unos amigos procedentes de Nueva Zelanda.

No hace falta venir de tan lejos para darse cuenta de que los patios cordobeses son una tradición única. "En Almería no hay nada que se le parezca. El viaje ha merecido la pena a pesar de la lluvia", reconoció Josefina Carmona, una turista que llegó con un grupo organizado a Córdoba para disfrutar de un día de patios. "No hemos tenido suerte con el tiempo, pero aún así estamos disfrutando", dijo mientras hacía cola en la calle Chaparro Ángel Martínez, también procedente de Almería.

Los aguaceros incesantes no disuadieron a miles de personas a echarse a la calle, mapa en mano, para ir de patio en patio. Desde la apertura de los recintos, a las 11:00, hubo colas en los recintos próximos a la plaza de Colón y en San Basilio. Los turistas se resguardaron bajo los paraguas y los chubasqueros. Y ello para no perderse rincones imprescindibles de la arquitectura popular, como los de la calle Marroquíes, 6.

"Lo que más llama la atención a los visitantes es que no es un patio normal, sino un pueblecito. Es el último patio de convivencia que queda en Córdoba", describe Juan Carlos Carrillo, uno de los cuidadores del recinto. Ocho familias y ocho artesanos se esmeran durante todo el año para que los turistas se queden embelesados bajo las buganvillas. "Tenemos plantas de hace 40 años, entre ellas algunos geranios que se recuperan año tras año", explicó a una excursión organizada procedente de Málaga. Allí "no hay nada parecido", dijo Teresa Fijo, que ayer, pese a la tormenta, no dudó en apuntarse al viaje organizado por la Asociación de Pensionistas y Jubilados Antonio Martelo Séneca.

Los propietarios dedican "muchas horas de trabajo a replantar y replantar", dijo Lola Galán, una de las responsables de Chaparro, 3. Todo para que el recinto luzca impecable, aunque sin llegar a convertirse en un escenario. "Eso es lo que más nos gusta. No es como visitar un museo o las estancias de un palacete, aunque algunos patios no desentonarían en muchas casas nobles", intentó describir José Domínguez, un turista sevillano. "Un patio no es la estancia muerta de un museo. Hay vida. Los propietarios muestran mucha generosidad al abrir las puertas de su casa", añadió María José Rueda, también procedente de la capital andaluza.

"Sarna con gusto no pica", bromeó Rosario Castillo, la encargada de que las ciento de macetas que cuelgan de las paredes de Parras, 6 luzcan impolutas. Ni una hoja seca, ni un pétalo sobre el empedrado. ¿Cuántas veces tiene que responder al día cuántas horas dedica cada jornada al cuidado de las plantas? "Tantas como macetas hay", bromeó, orgullosa de unas hortensias "como no hay en ningún otro patio" y de un limonero "cuajado" de frutos. "Todo es perfecto. Las flores, el colorida, la cal. Y sobre todo la tranquilidad que se respira aquí. Debe ser un lujo vivir en un sitio como este y levantarse por la mañana de esta manera", subrayó una turista llegada de Melilla con el objetivo de visitar los patios por primera vez.

"Está todo cuidadísimo. Las flores, la limpieza… Es imposible hacer una sola crítica", destacó Esperanza Viejo, natural de Extremadura. E n algunas localidadades de la provincia de Badajoz también es habitual que las viviendas se construyan alrededor de un patio. "Pero no existe esa tradición de abrir las puertas. Es admirable el orgullo de los propietarios y su generosidad por permitir que tanta gente entre en su casa", destacó la turista.

Conforme avanzó la jornada, aumentó el trasiego de impermeables y paraguas de patio en patio. Poco importó la lluvia que empapó por igual a visitantes y macetas, porque en algunos momentos los propietarios tuvieron que regular la entrada a los recintos a causa del overbooking de excursiones organizadas.

Algunas de provincias cercanas y otras de países situados a miles de kilómetros.

Por su proximidad al Alcázar y a la Mezquita-Catedral, San Basilio fue, de nuevo, el epicentro de muchas de estas rutas. "Todo les llama la atención. Desde las flores colgadas en las paredes hasta los pozos o los lavaderos antiguos que se conservan en algunas casas. Lástima que con este tiempo no lleguen a comprender a qué se debe que todo esté encaminado a frenar el calor de Córdoba", explicó la guía de una excursión de japoneses mientras los turistas, incansables, fotografiaban las gitanillas, las calas y las flores de las buganvillas sacudidas por la tormenta.

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