Rincones vivos del Casco Histórico

La belleza de los patios se une en el mes de mayo a la relevancia histórica de espacios como la Mezquita o la Judería para incrementar el atractivo de la ciudad como destino de miles de turistas

Rafael C. Mendoza | EL DÍA DE CÓRDOBA.

Tal vez reciban un mayor número de visitas durante todo el año, pero son claramente menos intimistas. Son más grandiosos, pero menos coloristas. Los cuidan generalmente jardineros profesionales en lugar de los tradicionales vecinos que velan a diario por la vitalidad de sus macetas y flores a golpe de escalera y regadera. Así son los patios públicos que se localizan en diversos rincones del Casco Histórico, sobre todo en los aledaños de la Mezquita y la Judería, aunque también hay buenos ejemplos en diversos rincones de la zona declarada Patrimonio de la Humanidad. Aunque no son abundantes las gitanillas, buganvillas y geranios -más presentes en las clásicas casas de vecinos-, en estos patios llaman la atención los setos de boj, perfectamente recortados, las hileras de naranjos, los limoneros y los espigados cipreses, que en algunos casos duplican la altura del edificio en el que se encuentran.

Una marea de alumnos de un colegio de Primaria de la vecina Jaén entra por la Puerta de Santa Catalina. Estos escolares se muestran cansados y hartos después de un día entero viendo la ciudad, pero les llaman la atención infinidad de detalles del Patio de los Naranjos. A algunos, incluso, les gusta más que la propia Catedral. Uno de ellos identifica un olivo en la lejanía y pregunta por qué se levanta esta especie entre tanto naranjo y ciprés. La profesora le indica que efectivamente es "el único" que hay en este recinto y que precisamente por ello a la fuente sobre la que descansa se le llama de Santa María o del Olivo.

 

Otro compañero se interesa por el tipo de suelo que pisa, que es enchinado cordobés, y otra pregunta ocurrente es si "las plantas del Patio de los Naranjos también las riegan de una en una", tal y como les explicaron en su visita al barrio de San Basilio. "No, aquí no se hace así. Los árboles beben a través de las acequias que recorren todo el Patio de los Naranjos", responde uno de los profesores que han viajado junto a ellos en la visita a Córdoba. La Torre de la Catedral o la extensa superficie de este recinto les llevan a más de uno a preguntarse si realmente se trata de un patio.

A menos de 300 metros de la Mezquita-Catedral, la Calleja de las Flores bulle y apenas si queda espacio para caminar. En los laterales de este callejón hay colgadas decenas de macetas con gitanillas y claveles que se convierten en el objetivo fotográfico de centenares de turistas. También les llama la atención la blancura de las paredes, la estrechez -menos de metro y medio- de la calle y los arcos de medio punto, también en color blanco. En una excursión de turistas franceses se multiplican las preguntas al llegar a la plaza que hay al final de la Calleja de las Flores. Tras hacerse fotografías con el pozo o la efigie de San Rafael que hay en el frontal, se preguntan qué es un zaguán -lo han leído en uno de los comercios de este espacio- y por el origen de los patios cordobeses. Su interés es tal que el guía se ve obligado a suspender la visita que tenían prevista al Alcázar de los Reyes Cristianos para llevarlos a San Basilio. "Creo que es el mejor sitio para ver patios", les dice a través de una traductora francesa.

En el Casco Histórico son muy numerosos estos recintos. Probablemente en más de la mitad de las casas se esconde un patio y en muchas de ellas cuelgan flores de sus rejas y balcones. La zona Patrimonio de la Humanidad, desde San Basilio a Santiago y de la Ribera a las Costanillas y Santa Marina, no cabe duda de que gana enteros conforme avanza el Mayo Festivo, primero con las Cruces y ahora con la popular fiesta de los Patios Cordobeses.

Pero, sin embargo, no a todos los turistas les gustan estos rincones tan autóctonos. Así, una pareja de madrileños se siente algo decepcionada al salir del patio de la plaza del Potro, el que separa los museos de Bellas Artes y el de Julio Romero. "Me los esperaba más bonitos y con las flores menos chuchurridas", espeta el marido a su esposa, aunque reconocen que aún no han pasado ni por San Basilio ni por Santa Marina o San Agustín, tal vez los enclaves de mayor encanto en esta época del año.

En la calle Judíos y en la plaza del Cardenal Salazar hay ejemplos similares. Son patios enclavados en inmuebles de gran antigüedad. Así, el Zoco municipal -de la calle Judíos-, aunque fue modificado en 1954, se encuentra en una casa del siglo XVII. Algo posterior es, sin embargo, el ejemplo de la plaza del Cardenal Salazar, actual facultad de Filosofía y Letras, un edificio del siglo XVIII que dispone de dos patios, uno de ellos con unos buenos ejemplos de setos de boj y algunas palmeras.

Pero los patios no sólo sirven de complemento de la Mezquita-Catedral, el Alcázar de los Reyes Cristianos o el Zoco municipal, sino que también son un recurso de algunos hoteles y restaurantes de la zona artística de Córdoba para hacer más atractivas sus instalaciones. En el caso de los hoteles, destaca El Conquistador, situado en las inmediaciones del primer templo de la Diócesis. Resalta su estructura escalonada. En cuanto a las tabernas y restaurantes de este enclave de la ciudad están El Patio Andaluz y Los Faroles. En esta última taberna llama la atención el pozo, los azulejos y las piezas de cerámica que hay colgadas en la pared.

 

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