El patio de la calle Duque de la Victoria, uno de los más veteranos, regresa tras su retirada en 2004.

FUENTE: JOSÉ PRIETO. ABC CÓRDOBA.

Su nombre está escrito con letras en sepia en la relación de los 18 patios que ya concursaron en 1933 recogidos en la prensa de la época. Logró entonces un accésit como premio y vuelve en 2011 después de seis años de ausencia (la última vez que se presentó fue en 2004) para aportar al concurso lo que muy pocos, cada vez menos, pueden: solera y autenticidad. El Concurso Popular de Patios Cordobeses comenzó ayer con la alegría de la recuperación para el disfrute de los amantes de esta tradición del patio de la casa número 3 de la calle Duque de la Victoria. El tiempo parece detenido más allá del zaguán que recibe gracias a la conservación intacta de materiales y elementos —en muchos casos hoy ya sustituidos en otras casas— en suelo, ventanas, puertas y techos.

Lo explica a quien se interesa por conocer la historia de la casa y el por qué de cada detalle Manuel Morales, encargado junto a su familia de adecentar el patio de nuevo para corresponder al deseo de su suegra, con quien comparten domicilio. «Ha sido ella la que nos ha animado», y Manuel no ha podido darle una negativa como respuesta ahora que tiene tiempo para dedicar al público.

Fue la falta de tiempo, según cuenta, el motivo de que en años pasados decidió su familia no participar en el concurso. «No podíamos abrir por la mañana como exigen las bases, aunque ahora sí, porque estoy prejubilado», justifica este fotógrafo que ha acondicionado una de las estancias como exposición en la que muestra imágenes captadas por su cámara en otros patios cordobeses.

El suyo es un patio de tamaño medio en el que, a falta de chino cordobés, el visitante pisa un no menos cordobés ladrillo moruno que es el original de una casa, datada en torno a 1700, estructurada alrededor de este patio en el que un canario canta a diario para las plantas que le dan color al lugar en el que Manuel celebró su boda y otros eventos familiares. El mismo ladrillo moruno, cuenta Manuel, es el que componen los arcos de medio punto estucados que se asientan sobre columnas de mármol para cerrar dos de las cuatro caras del patio, la norte y la sur; mientras que a los lados son vigas de madera las que conforman el resto de las galerías.

En ellas destaca la del fondo, con artesonado de madera a la vista, distintamente al de otras zonas de la casa en la que se ha tapado con un falso techo. Las ventanas, también de madera; las rejas, las puertas de chapa en las habitaciones que dan al patio y las persianas ayudan a mantener el sabor antiguo de la casa en la que reciben, tras pasar la cancela, unas azucenas junto a una pequeña palmera, a la que sirve de contrapunto en el otro extremo del recinto un naranjo. Las típicas e indispensables gitanillas, geranios o begonias completan la variedad floral del patio que, aunque estos días sea prácticamente un museo de la naturaleza urbana cordobesa, ha sido, como en otros casos, parte fundamental y definitoria de la vida de sus inquilinos.

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