Tres vidas para un patio

POR J. PRIETO

ABC CÓRDOBA. Representa la tercera generación que participa en el concurso popular engalanando la casa número 4 de la calle Mariano Amaya. Algo inusual si se tiene en cuenta su edad. Son 19 los años que lleva entre las macetas de la casa de su abuela, que visitaba de niño, habitó cuando adolescente y ahora cuida en su mayoría de edad.

 

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Jonatan Cuenca ha jugado con el Córdoba juvenil en División de Honor, aunque tras el final de la temporada se entrena en el Córdoba B. Eso sí, dedica sus mañanas a las flores, como antes hiciera su madre, Celeste Almenara, para ayudar a la suya, Marina Muñoz, que a sus 71 años se resiste a dejar aparcada la caña que sirve para regar. Pero la edad, las operaciones por las que ha pasado y el trabajo por la mañana le impiden dedicar el tiempo que precisa el patio, que está en venta.

Celeste, su hija, explica que han tomado la decisión porque «le viene grande la casa a ella sola». Allí vivieron en su día hasta ocho familias. Fue la época en la que Marina llegó a la casa de vecinos, propiedad de su suegro, junto a su esposo, Antonio, que fue comprando las habitaciones según se iban los inquilinos.

Se trata de un inmueble de los considerados de arquitectura antigua, en el que las estancias se distribuyen en torno a un patio empedrado con pozo, que en este caso cuenta con una bodeguilla y una silla de enea con pañito de croché y otros elementos tradicionales.

En 1992 comenzaron a presentar el patio al concurso de mayo. Aunque colaboraban varios miembros de la familia, la batuta la llevaba el matrimonio. Cuando murió Antonio, Celeste se hizo cargo de la preparación del patio a la par que su madre, e incluso estuvo viviendo con ella de marzo a septiembre durante varios años para cuidarlo  

«Sé que le hace ilusión»

Con el cartel de «Se vende» en la puerta, la familia decidió que su patio saliese este año de las rutas del concurso. Se hubiera perdido otro más de arquitectura antigua, como ha ocurrido con casi la mitad de los que optaban a premio hace cinco años.

Jonatan lo impidió alentado por su abuela, que no concibe un mes de mayo sin su patio en el concurso, como tampoco la vida en un piso.

Y no se lo pensó dos veces. Pidió a Jonatan que la ayudara a arreglarlo «porque vive más cerca que otros de mis nietos y lo ha vivido desde siempre». No en vano, pasaba varios meses en la casa cuando su madre se trasladaba a vivir allí para preparar las flores y acompañar a Marina.

Su nieto pudo decir que no a tamaña responsabilidad, pero Jonatan aceptó. Respondió en afirmativo porque «no me disgusta y sé que le hace ilusión a mi abuela», que asiente con la cabeza. Eso sí, «el día que falte, que ojalá tarde, no creo que se ponga», aunque por otro lado no descarta plantearse sacarlo adelante solo.

Es lo que ha ocurrido con patios cuyas dueñas fallecieron, como el de San Juan de Palomares 11. Aunque no es la suerte que por el momento corre el de Mariano Amaya, que precisa horas, sobre todo, «a partir de febrero», según cuenta la abuela. Es el momento del inicio de la puesta a punto del recinto que «como es antiguo da mucho más trabajo», dice Celeste.

De eso sabe ya algo su hijo, responsable este año del cuidado del recinto en el que calculan que se muestran unas 200 macetas. Por la mañana, cuando llega, siempre hay alguna hoja en el suelo, de manera que «barro y riego y le comento a mi abuela si hay chuchurrías para que ella las arregle por la tarde», dice.

El futuro

También se ha encargado de colocar los tiestos que están más altos y alguno ha roto debido a su condición de aprendiz. «Alguna planta me he cargado y da cosilla romperla», relata sentado en el banco junto a su abuela quien ha preferido ocuparse del patio a tener las mañanas libres para estar con sus amigos.

«Ellos lo entienden porque ya de pequeño me quedaba alguna vez aquí ayudando», argumenta. Incluso se han interesado en las últimas semanas por cuándo comenzaría el concurso para ir a ver el trabajo de su compañero. Quienes se extrañan son las vecinas, acostumbradas a que fuera Celeste, como ella misma comenta, quien arreglase el patio

Ante sí tienen un ejemplo del futuro de la tradición, que necesita de la colaboración de las nuevas generaciones para seguir adelante tomando como referencia los consejos de los mayores con los que por lo pronto, Celeste y Jonatan coinciden en que «el trabajo que necesita un patio no tiene la recompensa que merece».

 

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