La manifestación popular más singular es también un filón turístico: deja 3,3 millones en la ciudad al año

FUENTE: R. AGUILAR / Córdoba Día 02/12/2012

 

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Patio de la calle Pastora, uno de los más vistosos del certamen

La manifestación festiva más singular de cuantas figuran en el calendario de la ciudad alcanza de nuevo una cita que será clave para que dé el salto cualitativo al que aspira desde hace años y que sería determinante para ponerla en órbita. En la cumbre de la Unesco en la que se decide a partir de mañana si los Patios son merecedores de la distinción de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad está cifrada buena parte de las expectativas de una celebración popular que, por la atención al mundo de las sutilezas y por la capacidad de convertir en belleza lo que es simplemente escasez, ha merecido el elogio de los observadores más exigentes.

Pero más allá de los valores estéticos del festival que atesora el ciclo central del calendario del Mayo cordobés es un hecho que los Patios suponen un filón económico al que el amparo de la Unesco podría refrendar como un revulsivo para las exiguas finanzas locales. El último estudio sobre el impacto de la celebración en la economía cordobesa lo realizó el gabinete F&J Martín para el Ayuntamiento una vez que acabó el festival del pasado año, y la conclusión principal fue que éste dejaba en la ciudad 3,3 millones de euros. El análisis realizado por la citada consultora estimaba que los ingresos directos derivados de la fiesta por la que se abren de par en par las casas del casco histórico ascienden a 2,2 millones, a los que había que sumar otros 1,1 que se producen de un modo indirecto.

De los ingresos directos, que están relacionados de un modo casi unánime con los hoteles y la restauración, 1,9 millones provenían de los turistas y de los excursionistas que vienen a ver los Patios, mientras que los 236.000 euros restantes los producían los cordobeses. Prueba de ello es que durante los diez días en los que se desarrolló el festival vinieron a Córdoba 28.141 turistas (una media de mil más al día que cualquiera otra época del año), que sumaron 31.494 pernoctaciones.

Porque es un hecho que ni el amor a las plantas, ni la salvaguarda de las tradiciones ni la conservación del arquitectura doméstica, sino el turismo es el verdadero motor del festival de los Patios desde el comienzo de los tiempos, o lo que es lo mismo, desde 1921, que fue la primera ocasión en la que se organizó el certamen popular. Lo cierto es que en 1921 cristaliza el interés de la Corporación local y se inaugura el certamen de las casas-patio, al que sólo se presentan tres recintos -Almanzor, 11; Buen Pastor, 17; y Empedrada, 8-. Aunque está constatado que la acogida de los cordobeses fue notable, el concurso no se volvió a programar hasta 1925 y de la mano del alcalde José Cruz Conde, pero con el matiz -en realidad, es mucho más que un matiz- de que se unifica la recién nacida muestra de los Patios con la más que centenaria fiesta de las Cruces, que se remonta al primer tercio del siglo XVII.

Las Cruces se montaban en los espacios comunes de las casas del casco histórico. La hibridación de una y otra manifestación tradicionales dura poco, porque en 1933 el alcalde Francisco de la Cruz Ceballos desvincula las Cruces de los Patios e institucionaliza para estos últimos un nuevo modelo de certamen que, en líneas generales, es el que ha llegado a la actualidad -salvo entre los años 1953 y 1954, cuando el concurso de las Cruces absorbe otra vez al de las Patios-.

La participación de propietarios de casas del casco histórico es creciente, de tal modo que en 1933 se presentan 18 patios, una cifra que, con altibajos, logra mantenerse hasta que llega la Guerra Civil. En 1937 y 1938 se suspende esta manifestación popular, que renace en 1939 con el alcalde José María Verástegui, y que logró que concurrieran diez recintos en las denominadas Fiestas de la Victoria, como se denominó a todo el calendario festivo de mayo inmediatamente posterior a la finalización de la contienda. La posguerra pasó factura y no se abrieron las casas-patio entre 1940 y 1943, pero en 1944 se retomó la programación del festival, que ya se desarrolla sin interrupciones hasta hoy. El gran salto adelante lo da Antonio Cruz Conde, que halla la fórmula infalible para otorgarle a los Patios el vuelo que necesitaban: el flamenco. Así, en mayo de 1956 organiza el I Concurso Nacional de Cante Jondo, que se desarrolla en las estancias descubiertas de las casas señoriales. Éste es un punto de no retorno del festival, que a pesar de cierto languidecimiento durante los últimos años 60 se consolida como un referente en la primavera cordobesa, hasta tal punto de que no tarda en promocionarse como la fiesta más singular de la ciudad.

La declaración de Interés Turístico Nacional a comienzos de los años 80 no vino sino a certificar la fuerza de los Patios como un reclamo de primer orden. En los últimos certamenes han partido una media de 70 casas, agrupadas en dos asociaciones (Amigos de los Patios y Claveles y Gitanillas). Ellas son las que estarán más pendientes de la decisión de la Unesco la próxima semana.

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