Córdoba tiene muchas posibilidades de ser Capital Cultural Europea en 2016 • Así lo afirma la gerente de la Fundación y así pide que lo crean los ciudadanos, de los que requiere su apoyo • El proyecto ya está en marcha; queda perfilar, presentar y convencer, y no olvidar que habrá un 1 de enero de 2017

FUENTE: LAURA MÁRMOL. EL DÍA DE CÓRDOBA. 

Decía recientemente Carlota Álvarez Basso, la gerente de la Fundación Córdoba Ciudad Cultural, que entre las premisas que deben primar a la hora de conceder el sueño de 2016 es que la capital que lo alcance necesite de un empuje de futuro, de una herramienta que le dé la posibilidad de crecer más allá de lo que podría hacerlo si siguiera engullida por sus quehaceres y riñas diarias. A nadie se le escapa que Córdoba está huérfana de un proyecto que despierte unanimidades y que le aporte una mirada a más largo plazo, que le haga despertar de un letargo casi siempre contraproducente y que coarta sus potencialidades.

Córdoba tiene muchas posibilidades de convertirse en la capital europea de la cultura dentro de siete años. Así lo concluyen propios y extraños, que cuando se les pregunta no dudan en decir al unísono que el tesoro patrimonial que guarda es su principal aval. Error. Por supuesto que Córdoba tiene una carta de presentación inigualable, pero la imagen de postal que muchas veces se quiere proyectar de la ciudad no le beneficia. Córdoba debe ser y es más que eso, sólo hace falta que lo sepa vender bien, una de nuestras lagunas. A quienes se encargan de decidir qué ciudad debe llevar el cartel de 2016 no les gusta que la candidatura gire en torno al patrimonio artístico de la aspirante, porque eso sería como reducir el círculo a las capitales que tengan en sus términos municipales catedrales, mezquitas o similares. Hay que interpretar ese legado de un modo más contemporáneo, algo que dicho así puede resultar raro pero que no haría sino evidenciar que Córdoba está preparada para andar aprovechando sus perspectivas de futuro y explotando su historia; todo ello con la cabeza muy alta por su legado pero sin estar anclada en tiempos pasados. Córdoba es una de las capitales más relevantes del mundo occidental en los ámbitos de la cultura, la filosofía y el patrimonio, de la mano de personalidades como Séneca, Maimónides, Lucano, Averroes o Góngora, entre otros. Ver de qué manera ha influido ese peso en el continente europeo es uno de los retos en los que están inmersos los responsables del proyecto.

Álvarez Basso también reflexionaba sobre una cuestión curiosa, y es la carga de prejuicios que en muchas ocasiones tienen los cordobeses cuando se trata de su ciudad. La gerente lo aprecia aún más gracias a su mirada de persona que viene de fuera y que es capaz de interpretar las cosas desde otro prisma. Por eso no duda en insistir en que la ciudad debe creer en sus posibilidades de ser capital cultural y dice que es preciso el apoyo ciudadano. El político parece que existe, más allá de las discrepancias partidistas propias, pero a estas alturas nadie se apea del objetivo de 2016. A Álvarez Basso no le faltan ganas e ideas. Aunque vive a caballo entre Córdoba y Madrid, esta gallega tiene claro que hay que apostar fuerte por este reto, y para ello se reúne sin descanso con las más diversas asociaciones y colectivos, entre ellos el que agrupa a los patios, para solicitarles su implicación.

Aunque desde que se empezó a hablar de la posibilidad de que Córdoba concurriera como candidata a 2016 –en el primer mandato del cogobierno de IU y PSOE, con Angelina Costa en el Área de Cultura– hasta que se constituyó la Fundación en junio de 2006 siempre ha existido la crítica de que los pasos se estaban dando muy lentos, la gerente asegura que aún queda tiempo de sobra para perfilar una candidatura del peso que se merece Córdoba. Además, se muestra convencida de que algunas de las aspirantes se quedarán en el camino y que otras, de partida, no tienen posibilidades de seguir. Este último sería el caso de la unión que conforman Oviedo, Gijón y Avilés, ya que el jurado no suele admitir propuestas conjuntas. También se da el caso de que el nombre de la ciudad que será capital europea de la cultura se conocerá en 2011, posiblemente antes de las elecciones municipales, por lo que algunos alcaldes no querrán sufrir un desgaste producido por un varapalo. Este podría ser el caso de Málaga, que no está entre ese grupo de ciudades que, como decíamos, precisa de un empuje de futuro.

También habría que pensar en el día después, es decir, en el 1 de enero de 2017. Si Córdoba es la ciudad elegida, el reinado acabará en un año y hay que tener muy claro qué edificios, qué infraestructuras y qué inversiones es capaz de absorber la capital sin salir perjudicada.

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