Una locura para los sentidos

Miles de personas visitan los patios en la penúltima jornada del concurso, que formó colas en Santa Marina, San Agustín y San Basilio Los recintos situados en el entorno de la Mezquita estaban a tope.

18/05/2008 ISABEL LEÑA. DIARIO CÓRDOBA.

El sábado fue una auténtica locura. El buen tiempo; el puente de San Isidro en Madrid, el día de la semana que más invita a estar en la calle, y el penúltimo para disfrutar de esta tradición fueron factores decisivos para abarrotar los patios sin importar la zona. No obstante, los más premiados y los ubicados en el entorno de la Mezquita y del Alcázar tenían garantizada la avalancha de turistas procedentes de distintos puntos del país. Los más internacionales deambulaban por el corazón de la Judería, que ofrecía tal amalgama de sonidos, colores y olores que aturdían. Patios como los de Martínez Rücker y Rey Heredia estaban a tope.

Antes de las once había ya una larga cola de visitantes en el patio de Marroquíes, 6. Entrar era una misión imposible. La misma imagen se repetía en otros de Santa Marina y San Agustín. Las calles estaban más animadas que nunca y el goteo no paró tampoco ni en los alrededores de San Pedro ni en San Andrés.

Pero, una vez más, San Basilio se llevó la palma. No había patio sin colas. Y, un día más, cuatro patrullas policiales estuvieron de ronda para evitar aglomeraciones. Rafael Alcaide, de Martín de Roa, 2, intentaba poner orden en la puerta mientras repetía que "esto no es normal". Santiago Granados, de la Asociación Amigos de los Patios, explicaba que lo peor son los desembarcos de autobuses y aseguraba que no ha habido "ni un mal modo, ni una discusión". También había mucho ambiente, sevillanas improvisadas en la calle y bares abarrotados.

Pero las bullas, las fotos, los halagos recibidos por perpetuar una tradición única y los piropos por el buen gusto no calman la angustia que sienten los cuidadores de estos oasis del asfalto cordobés, que aguantan pacientemente en una silla mientras desfilan ante ellos cientos de personas. En sus mentes está la queja por un trabajo que no tiene precio y el deseo de recibir más apoyo municipal. María de los Angeles Plata y Conchi Carmona, de Martínez Rücker, 1, protestaban porque "no somos capaces de regular a tanta gente, esto se ha convertido en un parque de atracciones, y nos da miedo, tanto que hemos estado a punto de llamar a la Policía". El problema es que los patios sufren las consecuencias de la masificación, al haber más riesgo de roturas o robos. Piensan que "si se promocionan los patios, hay que incentivar el trabajo que cuesta mantenerlos" y tomar medidas ante las aglomeraciones. Y no les falta razón.

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