Araceli López _ Propietaria del Patio de Martín de Roa, 2: «Una maceta da más felicidad que el mando a distancia»

TEXTO: ARISTÓTELES MORENO

ABC CÓRDOBA. Albergar un pequeño edén en el interior de la vivienda es un privilegio reservado a pocos en estos tiempos de vértigo. Pero mantener en buen estado el paraíso tiene tarea: dos horas diarias de dedicación, según estimaciones de su propietaria, Araceli López. Los paraísos contemporáneos exigen esta servidumbre, que, con todo, no parece ser motivo suficiente de desistimiento para sus cuidadores. La recompensa a tanto esfuerzo no es el cielo, pero casi: color, silencio y paz.

-¿Imagina la vida sin patio?

-Espero no tener nunca esa desgracia.

Araceli López emigró hace 30 años desde Lucena para instalarse en el entonces emergente barrio de Ciudad Jardín. Como la realidad no rendía excesivo homenaje a su denominación, pronto decidió trasladarse a San Basilio después de haberle echado el ojo a lo largo de innumerables paseos. En el fondo, buscaba congraciarse con la atmósfera rural de la casa de su infancia. Y aquí, en San Basilio, encontró precisamente eso. «Es un barrio tranquilo y acogedor. Como si fuera un pueblo. Nos conocemos todas las vecinas, hablamos mucho y nos preocupamos unas de otras».

-¿Encuentra mucha diferencia con vivir en un piso?

-Abismal. Un piso son cuatro paredes y te ahogas. En el bloque de Ciudad Jardín vivíamos cuarenta y tantas familias y únicamente conocía a cinco.

La familia de Araceli fue de las primeras en ejecutar reformas integrales en su vivienda en San Basilio. Cuando se instaló en el barrio, la mayor parte de las viviendas eran casas de vecinos, muchas de ellas en pésimas condiciones estructurales y en situación de hacinamiento. Se mudó inicialmente a la calle Postrera, 25, a una antigua casa de vecinos que acogía a nada menos que once familias. El inmueble se encontraba en mal estado y hubo de derribarlo.

-Eran otros tiempos. La gente compartía muchas cosas y se ayudaba mutuamente. Se discutía mucho, pero cuando se necesitaban ahí estaban. Eso se está perdiendo. La vida es más individualista. La gente se va a trabajar por las mañanas y cuando vuelve ya no tiene tiempo de nada. Era otra forma de vida. Éste era un barrio pobre y hace unos años el Ayuntamiento subió más del doble la contribución. De manera que éste era el barrio que menos pagaba de Córdoba y ahora somos de los que más pagamos.

Caída en picado

En todo este tiempo, el censo de patios del barrio de San Basilio que se presentaba al concurso ha caído en picado. Este año únicamente se han presentado tres, cuando hace escasamente una década se llegaron a registrar hasta once patios. Muchas casas ya no están en condiciones o los propietarios ya no pueden adecentar sus patios por encontrarse en una edad muy avanzada.

-¿Percibe riesgo de extinción?

-Yo creo que sí. Hay muchas ayudas para los patios antiguos y menos para los modernos. Y yo digo: a los patios antiguos habría que ayudarle físicamente, con chicos que vayan a colocarles las macetas, que es lo que necesitan realmente. Y los premios deberían ser igual para todas las modalidades de patio. Hoy día, las mujeres trabajamos. Y yo, que soy autónoma, tengo que dejar de trabajar diez días antes y diez días después. Una amiga enfermera y su marido presentaron su patio a concurso el pasado año y tuvieron que pedirse las vacaciones. Esto, sinceramente, se hace por el bien de Córdoba. Pero no hay que pasarse. Y esto cuesta dinero y tiempo, que ya nadie tiene.

-Por lo que se ve, ésta es una tradición sostenida únicamente por las mujeres.

-Totalmente.

-De manera que los hombres han arrimado el hombro muy poco en este asunto.

-Muy poco. En mi casa sí me ayuda mi marido. De las partes altas de las macetas se encarga él: de regarlas, de fumigarlas y de cortarle todas las hojas secas.

Muralla del siglo XII

El patio de Araceli López tiene una belleza arrebatadora. Es un espacio rectangular de dos brazos enlazados, que recorren la antigua muralla de Córdoba, lo que le confiere un atractivo especialmente singular y muy rústico. Posee más de 400 macetas, de extraordinario vigor, y un número incontable de especies, todas ellas perfectamente conservadas.

La entrevista se desarrolla bajo una celosía y sentados en dos sillas de enea. Como mandan los cánones. Para atender a la prensa, Araceli ha tenido que suspender sus labores de puesta a punto del patio a sólo dos días del inicio del Concurso. Hoy lleva un día agitado. Una televisión, una radio y algún otro medio de prensa le han robado parte de su escaso tiempo para glosar los días de fiesta que se avecinan.

Mantener a punto este pequeño edén puede llegar a ser agotador. Fumigación y abono cada quince días. Arreglo en profundidad una vez en semana, generalmente los sábados. Y riego a diario desde que en abril han llegado ya los primeros empellones del termómetro. En agosto, la cosa se complica y es preciso regar por la mañana temprano y nuevamente por la noche, «con la fresquita».

Antiguamente, el sistema de riego era extremadamente rudimentario: una caña y una lata atada en la punta para las macetas más altas. Hoy día, el ingenio y los nuevos utensilios permiten simplificar la tarea. En el caso de Araceli López, dispone de un tubo de cobre de unos dos metros de largo con la punta curvada hacia abajo, para encañonar la maceta con un chorro suave de agua. Con todo, para la línea de plantas más elevadas, que pueden alcanzar los siete metros de altura, hay que tirar de escalera.

Éste es el cuarto año consecutivo en que Araceli López expone su patio a concurso. La casa fue adquirida hace poco más de cinco años y tuvo que someterla a una reforma en profundidad. Parte de las habitaciones estaban adosadas a la muralla, con el consiguiente aporte de humedad. Con las obras de reforma, el inmueble fue desagregado de la muralla y se reubicó el patio justo entre la vivienda y el vetusto muro del siglo XII. De esta forma, la muralla antigua se puede observar desde el patio, que además adquiere así una singular peculiaridad.

El primer año que se presentó a concurso ya logró el segundo premio y en 2007 obtuvo un accésit. El patio resulta lo suficientemente atractivo para optar a cualquier galardón. «Ya veremos qué ocurre este año», musita Araceli.

-¿Qué le seduce del patio?

-Me aporta tranquilidad y paz. Y también el solecito de primavera.

-Dicen los botánicos que a las plantas hay que hablarle. ¿Usted conversa con ellas?

-Claro que hay que hablarle. Yo le he regañado durante un mes a una celinda porque no echaba flores. Y al final me ha echado un ramillete.

-¿Usted cree que la escuchan?

-Yo creo que sí.

-¿Qué le da más felicidad a usted: el mando a distancia o una maceta?

-Una maceta, por supuesto. Yo veo poquísimo la televisión. No sabría decirle qué programas hay actualmente.

-¿Y un patio qué proporciona más: esclavitud o placer?

-Placer. Aunque esclavitud también. Pero si quieres irte un fin de semana, pues las dejas regaditas. Les dejas su comidita y su ambiente bueno y la planta te aguanta un fin de semana.

-¿Sus hijas mantendrán la tradición?

-Hace años decían que iban a tener flores de plástico y ahora ya ponen los balcones llenos de macetas.

-¿Para qué sirve el silencio?

-Para relajarte. Y para poder pensar tranquilamente.

-¿Agoniza esta forma de vida?

-Siempre habrá sitios en los que se pueda disfrutar de esto. No creo que esta casa llegue a desaparecer. Tenemos la muralla desde el siglo XII, ¿no vamos a aguantar nosotros algunos añitos más?

-¿El patio salva del estrés?

-Con las macetas no hay estrés, pero en la vida diaria, sí. La vida es muy estresante y siempre vamos a contrarreloj.

-¿De qué curan las flores?

-Se supone que del estrés. Y del mal humor. Te sientas aquí y te relajas un poquito. Si estás enfadada, te sientas aquí y se te olvida.

-¿Esta forma de vida tiene precio?

-No. Esto es calidad de vida.

-¿Y soñó alguna vez con un pisito?

-No. Justamente al contrario: cuando he vivido en un piso, he soñado con mi casa.

 

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